jueves, 25 de septiembre de 2014

VISIÓN HOLÍSTICA DEL DRAMA DE MÉXICO

VISIÓN  HOLÍSTICA  DEL  DRAMA  DE  MÉXICO

La historia de México se ha escrito con sangre, traiciones y heroísmos, aunque estos últimos han sido los menos, la Conquista fue un juego de abusos, de trampas, engaños y saqueos de esta noble tierra, el oro y la plata fueron la ambición de los voraces europeos y su nefanda Iglesia para despojar de su cultura y su riqueza a los pueblos indígenas, con el pretexto de salvarlos del infierno del paganismo salvaje.
La independencia fue otro fiasco, solo se independizaron los gachupines y los criollos de la Conquista Napoleónica de España, el pueblo nativo siguió sino esclavizado, si sometido brutalmente al autoritarismo ibérico.
La Reforma fue un destello de separación de la política y la religión, poco duró el gusto, el Vaticano jamás quitó el dedo del renglón, el catolicismo había entrado a sangre y fuego a la conciencia de la población, dando como resultado, un aberrante e irreflexivo sincretismo, que echó profundas raíces  que hasta hoy padecemos.
La Revolución fue otro fantasma que, expulsó físicamente al dictador, pero permitió prolongar el sistema de privilegios para los extranjeros y la explotación de obreros y campesinos, con el agregado de la irrupción de los caciques, generales y líderes abusivos, que instituyeron la corrupción como forma de vida política.
Por lo tanto, México sigue conquistado, esta vez por los capitales extranjeros, dependiente en grado superlativo en materia de alimentos, energía, transportes, industria, economía y política; las leyes de Reforma juaristas, fueron revertidas y hoy el Vaticano dispone en México, de Juan Diego, de la Virgen de Guadalupe y de un pueblo reverente a la espera de bendiciones papales y milagros desde la cruz.
La Revolución mexicana a pesar de sus millones de muertos y heridos, casi todos indígenas analfabetas y pobres, no ha dado frutos reales; en sus orígenes esas esperanzas vieron luz, pero paulatinamente fueron apagando su fulgor con la dirección de la Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto, las conciencias cedieron a los sobornos, los caciques enviaron a sus sicarios para aplastar todo movimiento genuino a favor del pueblo y la corrupción cabalgó sin escrúpulos por toda la débil nación, como hasta hoy en día.
El proyecto nacionalista de socializar los recursos con los que la naturaleza dotó a esta tierra, representa un revés para el sistema capitalista hegemónico, la manera de acabar con ello, fue sencillamente acicatear, promover, estimular la corrupción y consecuentemente la traición que late en potencia en la esencia genética de este mestizaje contaminado por Europa.
Corrompidas deliberadamente las empresas estatales hasta la médula, fueron ineficientes, dando como consecuencia el pretexto para su  privatización, los nuevos dueños serían los amigos, los parientes, los cómplices, los socios y los extranjeros, ahora ya adueñados de aquello que un día nos prometió la patria de Cuauhtémoc, de Cuitláhuac, de Juárez, de Cárdenas.
Más de mil empresas nacionales fueron rematadas, de las más importantes y recientes son FNM, TELMEX, ALTOS HORNOS, MEXICANA DE AVIACIÓN, TV AZTECA, BANAMEX, FERTIMEX, ETC.
La globalización nos ha hecho perder la soberanía a que teníamos derecho, nuestras  venas abiertas han quedado a merced de los buitres internacionales, con la cobarde traición y complicidad de nuestros representantes “democráticos”.
Un pueblo firme, educado, nacionalista, reflexivo, libre, satisfecho, bien alimentado, seguro de sí mismo, pensante, objetivo, racional y soberano; no conviene al poder, ni al local, ni al regional y menos al hegemónico internacional, sino todo lo contrario.
Toda actividad económica importante debe pertenecer al capital privado y de capital a capital, el extranjero, como pes grande,  se come al chico; es la ley del mar y de la selva,  a la que está sujeto el mundo moderno.
Casi ya no hay rama preponderante de la economía mexicana, donde no esté presente en gran medida,  el capital trasnacional, sea en el comercio, en la industria, en el transporte, en la agricultura, en los servicios, en la banca. Los contenidos de las telecomunicaciones, la cultura, la política, la educación siempre tendiente hacia la mansedumbre y el consumismo.
Para acabar con el cuadro, el último reducto económico soberano también contagiado con el cáncer de la corrupción, será sacrificado en honor del gran capital, depredador de nuestro planeta.        

   

               

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