VISIÓN HOLÍSTICA
DEL DRAMA DE
MÉXICO
La
historia de México se ha escrito con sangre, traiciones y heroísmos, aunque
estos últimos han sido los menos, la Conquista fue un juego de abusos, de
trampas, engaños y saqueos de esta noble tierra, el oro y la plata fueron la
ambición de los voraces europeos y su nefanda Iglesia para despojar de su
cultura y su riqueza a los pueblos indígenas, con el pretexto de salvarlos del
infierno del paganismo salvaje.
La
independencia fue otro fiasco, solo se independizaron los gachupines y los
criollos de la Conquista Napoleónica de España, el pueblo nativo siguió sino
esclavizado, si sometido brutalmente al autoritarismo ibérico.
La
Reforma fue un destello de separación de la política y la religión, poco duró
el gusto, el Vaticano jamás quitó el dedo del renglón, el catolicismo había
entrado a sangre y fuego a la conciencia de la población, dando como resultado,
un aberrante e irreflexivo sincretismo, que echó profundas raíces que hasta hoy padecemos.
La
Revolución fue otro fantasma que, expulsó físicamente al dictador, pero
permitió prolongar el sistema de privilegios para los extranjeros y la
explotación de obreros y campesinos, con el agregado de la irrupción de los
caciques, generales y líderes abusivos, que instituyeron la corrupción como
forma de vida política.
Por lo
tanto, México sigue conquistado, esta vez por los capitales extranjeros,
dependiente en grado superlativo en materia de alimentos, energía, transportes,
industria, economía y política; las leyes de Reforma juaristas, fueron
revertidas y hoy el Vaticano dispone en México, de Juan Diego, de la Virgen de
Guadalupe y de un pueblo reverente a la espera de bendiciones papales y
milagros desde la cruz.
La
Revolución mexicana a pesar de sus millones de muertos y heridos, casi todos
indígenas analfabetas y pobres, no ha dado frutos reales; en sus orígenes esas
esperanzas vieron luz, pero paulatinamente fueron apagando su fulgor con la
dirección de la Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto, las conciencias cedieron
a los sobornos, los caciques enviaron a sus sicarios para aplastar todo
movimiento genuino a favor del pueblo y la corrupción cabalgó sin escrúpulos
por toda la débil nación, como hasta hoy en día.
El
proyecto nacionalista de socializar los recursos con los que la naturaleza dotó
a esta tierra, representa un revés para el sistema capitalista hegemónico, la
manera de acabar con ello, fue sencillamente acicatear, promover, estimular la
corrupción y consecuentemente la traición que late en potencia en la esencia
genética de este mestizaje contaminado por Europa.
Corrompidas
deliberadamente las empresas estatales hasta la médula, fueron ineficientes,
dando como consecuencia el pretexto para su
privatización, los nuevos dueños serían los amigos, los parientes, los
cómplices, los socios y los extranjeros, ahora ya adueñados de aquello que un
día nos prometió la patria de Cuauhtémoc, de Cuitláhuac, de Juárez, de
Cárdenas.
Más de
mil empresas nacionales fueron rematadas, de las más importantes y recientes
son FNM, TELMEX, ALTOS HORNOS, MEXICANA DE AVIACIÓN, TV AZTECA, BANAMEX,
FERTIMEX, ETC.
La
globalización nos ha hecho perder la soberanía a que teníamos derecho, nuestras
venas abiertas han quedado a merced de
los buitres internacionales, con la cobarde traición y complicidad de nuestros
representantes “democráticos”.
Un
pueblo firme, educado, nacionalista, reflexivo, libre, satisfecho, bien
alimentado, seguro de sí mismo, pensante, objetivo, racional y soberano; no
conviene al poder, ni al local, ni al regional y menos al hegemónico
internacional, sino todo lo contrario.
Toda
actividad económica importante debe pertenecer al capital privado y de capital
a capital, el extranjero, como pes grande, se come al chico; es la ley del mar y de la
selva, a la que está sujeto el mundo
moderno.
Casi ya
no hay rama preponderante de la economía mexicana, donde no esté presente en
gran medida, el capital trasnacional,
sea en el comercio, en la industria, en el transporte, en la agricultura, en
los servicios, en la banca. Los contenidos de las telecomunicaciones, la
cultura, la política, la educación siempre tendiente hacia la mansedumbre y el
consumismo.
Para
acabar con el cuadro, el último reducto económico soberano también contagiado
con el cáncer de la corrupción, será sacrificado en honor del gran capital,
depredador de nuestro planeta.
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