UNA VISIÓN
DE FONDO
Adaptar
como Procusto, el descomunal personaje de la mitología griega, nuestra compleja
realidad social a un sistema político electoral, rígido, costoso y
maliciosamente diseñado, es ocioso.
Llevamos
casi dos siglos forzando una realidad histórica, antropológica y cultural, a un
esquema en el que ésta no cabe, no se ajusta a este modelo inadecuado para la
sociedad mexicana, tan peculiar como heterogénea.
Insisten
una y otra vez, en modificar las instituciones políticas electorales, cambian
su nomenclatura, sus atribuciones, sus
reglas, sus ámbitos, sus jerarquías, sus poderes, sus ubicaciones, su personal
y su dirigencia y el resultado vuelve a ser igual de pobre, inoperante, ineficiente, decepcionante y
corrupto.
A la
realidad de la sociedad mexicana, igual que Procusto hacía con sus huéspedes,
cada período electoral, se le amputan o se le descoyuntan los miembros, para
ajustarla a un sistema electorero, que no cuadra con nuestra subdesarrollada
sociedad.
La
Etología Humana (Konrad Lorenz) está en pañales, pero podemos inferir que el
mexicano esencialmente no es distinto del ucraniano, del afgano, del holandés,
del canadiense, del árabe, del africano, del chino, del malayo, del inca, del
centroamericano, del esquimal; todos los hombres compartimos exactamente la
misma herencia genética ancestral.
El Homo
Sapiens, participa casi en un 99% del mismo genoma que el chimpancé, su carga
genética le impone cualidades y características muy singulares y propias para
la especie a que pertenecemos todos. Es
conveniente partir del conocimiento, basado en la ciencia experimental de
nuestra conducta heredada genómicamente desde hace siglos, milenios, millones
de años.
Hemos
estado intentando adaptarnos a una variada gama de sistemas políticos, artificialmente diseñados para convivir en
armonía, sin lograrlo.
Quizá la
democracia no es apta para nosotros, ni nosotros aptos para ella, aunque a
algunos les parezca una blasfemia, tal vez tenemos que empezar a hurgar
etológicamente dentro de nuestra humanidad antropoide, para encontrar luces que
iluminen nuestro propio conocimiento.
El
aprendizaje de ese conocimiento por una
masa crítica suficiente, puede provocar
genómicamente una mutación liberadora en una o dos generaciones, con la
esperanza del surgimiento de un hombre
nuevo, mejorando nuestra herencia y transmitiendo esa evolución paradigmática a
nuestros sucesores, lo que facilitará lo que Ivan Illich llama La Convivencialidad. Nuestro procustiano sistema político debe dejar
de cumplir las exigencias del capital y adaptarse a los verdaderos y
sorprendentes atributos del hombre, de
no hacerlo estaremos eternamente amputando o estirando a la sociedad a las
arbitrarias dimensiones de la cama de Procusto.