POLÍTICA Y NEGOCIOS
En una democracia
verdadera, la relación entre el pueblo y sus representantes es estrecha y
constante, el gobierno es una expresión de la ciudadanía, es su reflejo; los
asuntos del estado se ventilan con claridad, con prístina transparencia.
En el
entuerto político que cada vez más empantana al estado mexicano, hay una
opacidad asfixiante; trascendentes
convenios y pactos se acuerdan en
secreto, una turbia atmósfera enrarece la
comunicación, esta neblina cubre todos los negocios públicos; el gobierno se
ejerce con bombo y platillo en el ámbito propagandístico y con ello el pueblo
es permanentemente bombardeado con cápsulas, spots y discursos demagógicos y
pretenciosos, se hacen anuncios cosméticos, pero los gobernantes están muy
alejados de la ciudadanía a la que se deben.
En todos
los niveles y en los tres poderes, hay mucha obscuridad, tinieblas que nos
impiden ver lo que en realidad sucede y piensa el gobierno.
El
presidente Peña tiene una enorme dificultad para comunicarse, dialogar,
expresarse, escuchar, entender y sobre todo para explicar su ideología, su
visión de la historia; Peña Nieto se reduce, rígida y acartonadamente a repetir
o simplemente a leer lo que el sistema que lo llevó al poder, le dicta.
El
presidente es incapaz de establecer un raport con sus interlocutores,
intercambiar opiniones serenamente, es un individuo inelástico, colérico,
robótico; le hace falta esa facultad empática tan necesaria en un líder capaz.
Pareciera
que no es apto para recorrer esa cortina que separa al pueblo de sus
autoridades, la distancia que lo separa de la ciudadanía se hace cada vez más
grande.
Las
decisiones que nos afectan a todos, se hacen bajo la mesa, con sospechoso
sigilo, firman convenios en silencio, con un enorme desprecio para el pueblo,
sin tomar en consideración la opinión del ciudadano, auténtico soberano de este
país, que se dice democrático.
El
político debería ser la excelsitud de la sociedad, lo más digno y limpio; pero
en cambio es la escoria vinculada al soborno, a la corrupción, al
influyentísimo, a la delincuencia y a la traición.
Cuando
desde cúspide emana la podredumbre, todo esfuerzo por remediar el cuerpo
resulta inocuo.
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