miércoles, 21 de enero de 2015

Política y negocios



POLÍTICA Y NEGOCIOS

En una democracia verdadera, la relación entre el pueblo y sus representantes es estrecha y constante, el gobierno es una expresión de la ciudadanía, es su reflejo; los asuntos del estado se ventilan con claridad, con prístina transparencia.

En el entuerto político que cada vez más empantana al estado mexicano, hay una opacidad asfixiante;  trascendentes convenios y  pactos se acuerdan en secreto, una turbia atmósfera enrarece  la comunicación, esta neblina cubre todos los negocios públicos; el gobierno se ejerce con bombo y platillo en el ámbito propagandístico y con ello el pueblo es permanentemente bombardeado con cápsulas, spots y discursos demagógicos y pretenciosos, se hacen anuncios cosméticos, pero los gobernantes están muy alejados de la ciudadanía a la que se deben.

En todos los niveles y en los tres poderes, hay mucha obscuridad, tinieblas que nos impiden ver lo que en realidad sucede y piensa el gobierno.
El presidente Peña tiene una enorme dificultad para comunicarse, dialogar, expresarse, escuchar, entender y sobre todo para explicar su ideología, su visión de la historia; Peña Nieto se reduce, rígida y acartonadamente a repetir o simplemente a leer lo que el sistema que lo llevó al poder, le dicta.

El presidente es incapaz de establecer un raport con sus interlocutores, intercambiar opiniones serenamente, es un individuo inelástico, colérico, robótico; le hace falta esa facultad empática tan necesaria en un líder capaz.

Pareciera que no es apto para recorrer esa cortina que separa al pueblo de sus autoridades, la distancia que lo separa de la ciudadanía se hace cada vez más grande.

Las decisiones que nos afectan a todos, se hacen bajo la mesa, con sospechoso sigilo, firman convenios en silencio, con un enorme desprecio para el pueblo, sin tomar en consideración la opinión del ciudadano, auténtico soberano de este país, que se dice democrático.

El político debería ser la excelsitud de la sociedad, lo más digno y limpio; pero en cambio es la escoria vinculada al soborno, a la corrupción, al influyentísimo, a la delincuencia y a la traición.

Cuando desde cúspide emana la podredumbre, todo esfuerzo por remediar el cuerpo resulta inocuo. 

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