CRECER
Crecer
es aumentar, hacerse mayor; esta acción
es la bandera de casi todas las voces del mundo, en cuanto a la actividad
económica se refiere; no obstante, cuando un sistema económico monstruoso
crece, como un maligno tumor, hay que extirparlo, hay que detenerlo, pues en su
metástasis lleva la muerte.
Una
tormenta tropical que crece, se convierte en huracán de dimensiones
catastróficas, por lo que podemos inferir que no todo crecimiento es en sí
bueno y en especial cuando ese crecimiento no tiene estándares rectores, como
lo podría ser el desarrollo de una planta o de un niño.
La
humanidad crece a tasas exageradas, las ciudades, las familias, los mercados, las
industrias, los residuos, la tala, la pesca; pero nuestro planeta no crece con
nosotros, su masa es fija, delimitada, su equilibrio es frágil, su rompimiento
tiene graves repercusiones para su homeostasis, para su salud.
Crecer
es el verbo de moda hace ya muchos años, crece el armamentismo, las petroleras,
el parque vehicular, las bolsas de valores, el comercio global, la deuda, la
corrupción, la delincuencia, la impunidad,
las explotaciones mineras, la dependencia alimentaria y económica, las
cárceles, las pandemias, la desigualdad y el abuso.
Consecuentemente
tenemos que distinguir ¿cuál es el crecimiento benéfico para el hombre y su
armónica convivencia en el mundo? Crecer en abstracto parece un axioma
incuestionable, pero el concepto de suyo conlleva una trampa mortal si se
interpreta como el desarrollo de una economía depredadora y profundamente
injusta.
Una
economía que crece a favor de las grandes corporaciones multinacionales, mismas
que son controladas por sociedades anónimas secretas, que hacen y deshacen a su
arbitrio lo más nefasto imaginable en perjuicio los más débiles, una economía
que concentra la riqueza y el poder de manera automática, que exprime al
trabajador, que fomenta el desempleo para tener siempre depauperados de reserva,
a fin de mantener bajos los salarios, una economía que no considera la felicidad
del ser humano como objetivo, una economía que ve al hombre como un medio de
explotación, como un cliente, como un deudor.
Una economía
que no piensa detener su expansión y crecimiento, sino hasta que el destino nos
alcance.
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