miércoles, 21 de enero de 2015

Crecer



CRECER

Crecer es aumentar, hacerse mayor;  esta acción es la bandera de casi todas las voces del mundo, en cuanto a la actividad económica se refiere; no obstante, cuando un sistema económico monstruoso crece, como un maligno tumor, hay que extirparlo, hay que detenerlo, pues en su metástasis lleva la muerte.

Una tormenta tropical que crece, se convierte en huracán de dimensiones catastróficas, por lo que podemos inferir que no todo crecimiento es en sí bueno y en especial cuando ese crecimiento no tiene estándares rectores, como lo podría ser el desarrollo de una planta o de un niño.

La humanidad crece a tasas exageradas, las ciudades, las familias, los mercados, las industrias, los residuos, la tala, la pesca; pero nuestro planeta no crece con nosotros, su masa es fija, delimitada, su equilibrio es frágil, su rompimiento tiene graves repercusiones para su homeostasis, para su salud.

Crecer es el verbo de moda hace ya muchos años, crece el armamentismo, las petroleras, el parque vehicular, las bolsas de valores, el comercio global, la deuda, la corrupción, la delincuencia, la impunidad,  las explotaciones mineras, la dependencia alimentaria y económica, las cárceles, las pandemias, la desigualdad y el abuso.

Consecuentemente tenemos que distinguir ¿cuál es el crecimiento benéfico para el hombre y su armónica convivencia en el mundo? Crecer en abstracto parece un axioma incuestionable, pero el concepto de suyo conlleva una trampa mortal si se interpreta como el desarrollo de una economía depredadora y profundamente injusta.

Una economía que crece a favor de las grandes corporaciones multinacionales, mismas que son controladas por sociedades anónimas secretas, que hacen y deshacen a su arbitrio lo más nefasto imaginable en perjuicio los más débiles, una economía que concentra la riqueza y el poder de manera automática, que exprime al trabajador, que fomenta el desempleo para tener siempre depauperados de reserva, a fin de mantener bajos los salarios, una economía que no considera la felicidad del ser humano como objetivo, una economía que ve al hombre como un medio de explotación, como un cliente, como un deudor.

Una economía que no piensa detener su expansión y crecimiento, sino hasta que el destino nos alcance.

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