POLÍTICA PERVERTIDA
La
perversa estrategia del poder, para crear fuerzas de oposición, usurpando el
discurso de la resistencia, es verdaderamente maquiavélica y despreciable, por
decir lo menos.
Los
mecanismos de dominación en su soberbia, son capaces de cometer las más
deleznables y nefastas acciones, para desvirtuar la realidad de los
acontecimientos sociales.
Puede
generar tragedias de insólitas dimensiones para tener de su parte la débil,
desconcertada y manipulable opinión pública, a través de la complicidad de los
medios de comunicación masiva.
Los
gobiernos en determinadas circunstancias, producen sus propios ficticios
enemigos, inventan crueles simulaciones, desencadenan conflictos, infiltran
elementos en la resistencia que se opone a sus abusos y dictados, merced a su
astuta capacidad corruptora, comprando conciencias, sobornando, chantajeando,
amenazando o asesinando.
El poder
usa con insólita infamia, ardides para debilitar los apoyos populares a las
verdaderas causas de justicia de los pueblos despreciados y despojados de sus
legítimos derechos, esos que buscan la
restitución de sus tierras y el respeto a sus ancestrales costumbres. Si le es necesario, el poder utiliza con
premeditación, alevosía y ventaja al terrorismo, para justificar guerras de
exterminio contra pueblos inermes.
El poder
recluta, selecciona y contrata sicarios y bandas de asesinos, los arma, los
disfraza y lo lanza contra quien considera una amenaza para los intereses de
las cúpulas dominantes, luego con saña culpa a sus detractores y críticos,
persiguiéndolos, acosándolos, encarcelándolos o eliminándolos.
El poder
toma la bandera de la justicia para atropellar, se disfraza de salvador, se
sube a la tribuna del pueblo y desde ahí arenga con argumentos que usurpa de
sus víctimas, para voltear la oposición política a su favor.
El poder
gubernamental se apropia de las causas populares, revierte la realidad abyectamente,
utilizando sus engendros sociales como brazos para hacer el trabajo sucio, el
PRI con su antorcha campesina, con sus organizaciones paleras como la CTM,
CROC, CNOP, SENTE, sindicatos de PEMEX, de CFE, etc. donde los trabajadores
están permanentemente amenazados con perder su empleo, cuando son cesados de
esas organizaciones laborales.
Los
gobiernos crean sus propios fantasmas para aterrar y distraer a los pueblos,
siempre endebles, depauperados y dispuestos a vender sus conciencias por
migajas.
Las
autodefensas de Michoacán son fuerzas solapadas por el gobierno, grupos
paramilitares armados por el propio ejército mexicano en contubernio con la
delincuencia para apoderarse de territorios indígenas ricos en maderas y
minerales. El poder fertiliza con su
voracidad a los carteles, hace alianzas con el crimen organizado, es cómplice
de gravísimos delitos, es juez y parte oscura de algunas de las más nefastas
bandas que proliferan por todos los confines de la patria.
El
estado de derecho es una burla para la inteligencia, con saña y sin escrúpulos, el gobierno captura, procesa,
juzga y encarcela a indígenas por comprar mercancía con un billete falso, o por
haber robado una maceta; detiene al Dr. Mireles por conspiración, o al líder
Yaqui por protestar contra el atropello de su etnia y así podemos encontrar
cantidad de análogos casos.
En
contraste los verdaderamente delincuentes de cuello blanco, esos que han
traicionado el espíritu de la Constitución, esos que han entregado la riqueza
nacional a manos privadas extranjeras y locales, esos que han despojado al país
de su patrimonio para malbaratarla a parientes, socios y amigos, esos que han
recibido comisiones suculentas por las concesiones mineras, esos que se han
enriquecido demencialmente a la sombra de la más vil de las corrupciones, esos
que levantan la mano al soborno de los cabildeos; esos se pavonean impunes descaradamente
en los palacios nacionales, estatales y municipales a todo lo ancho de la
patria.
No hace
falta nombrarlos, son los mismos de siempre, las mismas familias formadas por
ex y actuales presidentes, diputados, senadores, secretarios, subsecretarios,
gobernadores, funcionarios. Los
apellidos se repiten, brincan de uno a otro partido, hablan y ante las
evidencias, jamás reconocen su responsabilidad, son inocentes, son intachables,
nunca en su limpia trayectoria política, se han robado ni siquiera un peso.
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