AUTODEFENSA
Desconfianza
en la autoridad oficial, es lo que impera en este mundo que nos tocó padecer.
¿A quién acudir para que se haga justicia? Si la cúpula que gobierna, esta
manchada de iniquidad.
Los
mismos jueces se inclinan al mejor postor, los tribunales son cloacas de
inmundicia, los magistrados cínicos y carentes vergüenza. ¿Cómo solicitar ayuda
a quien desde su “alta jerarquía” se beneficia con el delito y el crimen?
Es
ingenuo a estas alturas pedir justicia a quien desde el poder gesta la
corrupción, para llegar tuvieron que cometer inefables atropellos, execrables
latrocinios y abusos, pisotear derechos, ordenar y permitir crímenes, mentir, tergiversar
leyes, alterar verdades, engañarse a sí mismos; son monstruos asesinos con piel
de oveja. ¿Cómo, entonces, confiar en ellos?
Es
absurdo clamar por ayuda, a quien
siempre ha traicionado su cuna, ilusorio solicitar auxilio a aquellos
tradicionales enemigos y represores de los pueblos, a esos que no se tientan el corazón para
ordenar matanzas y desatar epidemias para retener sus privilegios.
Los
altos mandos, los supremos jefes de las bandas criminales, de grupos
delincuenciales son las mismas autoridades oficiales. Si la cabeza última del
crimen organizado es la del propio “legítimo gobierno” ¿Dónde queda el
ciudadano?
No me
diga que el presidente del país es honrado, honesto, íntegro y magnánimo. ¿Qué
podemos decir de los anteriores primeros mandatarios? ¡Sino que todos son una
punta de ladrones, corruptos y traidores!
¿Qué se
puede esperar de los congresistas, qué de los gobernadores, qué de los
alcaldes, qué de los miembros del gabinete ejecutivo, qué de las
autoridades? Así nos vamos hasta la
plantilla básica, hasta llegar a los miembros del ejército, de las policías,
que no hacen otra cosa que obedecer las órdenes emanadas de la superioridad y el
que obedece no se equivoca. Es una
intrincada red de complicidades
delincuenciales que tienen amedrentada a la población de muchos estados del
país como Michoacán.
La
estructura política corrupta, demagógica
y traicionera, no es garantía más que de impunidad para los culpables y de
injusticia para los pueblos. ¿Cómo confiar? El ciudadano queda entre dos fuegos
en contubernio.
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