lunes, 15 de septiembre de 2014

AUTODEFENSA

AUTODEFENSA

Desconfianza en la autoridad oficial, es lo que impera en este mundo que nos tocó padecer. ¿A quién acudir para que se haga justicia? Si la cúpula que gobierna, esta manchada de iniquidad.

Los mismos jueces se inclinan al mejor postor, los tribunales son cloacas de inmundicia, los magistrados cínicos y carentes vergüenza. ¿Cómo solicitar ayuda a quien desde su “alta jerarquía” se beneficia con el delito y el crimen? 

Es ingenuo a estas alturas pedir justicia a quien desde el poder gesta la corrupción, para llegar tuvieron que cometer inefables atropellos, execrables latrocinios y abusos, pisotear derechos, ordenar  y permitir crímenes, mentir, tergiversar leyes, alterar verdades, engañarse a sí mismos; son monstruos asesinos con piel de oveja. ¿Cómo, entonces, confiar en ellos?

Es absurdo clamar por ayuda,  a quien siempre ha traicionado su cuna, ilusorio solicitar auxilio a aquellos tradicionales enemigos y represores de los pueblos,  a esos que no se tientan el corazón para ordenar matanzas y desatar epidemias para retener sus privilegios.

Los altos mandos, los supremos jefes de las bandas criminales, de grupos delincuenciales son las mismas autoridades oficiales. Si la cabeza última del crimen organizado es la del propio “legítimo gobierno” ¿Dónde queda el ciudadano?

No me diga que el presidente del país es honrado, honesto, íntegro y magnánimo. ¿Qué podemos decir de los anteriores primeros mandatarios? ¡Sino que todos son una punta de ladrones, corruptos y traidores!

¿Qué se puede esperar de los congresistas, qué de los gobernadores, qué de los alcaldes, qué de los miembros del gabinete ejecutivo, qué de las autoridades?  Así nos vamos hasta la plantilla básica, hasta llegar a los miembros del ejército, de las policías, que no hacen otra cosa que obedecer las órdenes emanadas de la superioridad y el que obedece no se equivoca. Es una  intrincada  red de complicidades delincuenciales que tienen amedrentada a la población de muchos estados del país como Michoacán.


La estructura política corrupta,  demagógica y traicionera, no es garantía más que de impunidad para los culpables y de injusticia para los pueblos. ¿Cómo confiar? El ciudadano queda entre dos fuegos en contubernio.  

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