lunes, 15 de septiembre de 2014

DEMAGOGIA - II

DEMAGOGIA - II

Hablar contra la Democracia puede parecer hasta una blasfemia irreverente, ya que todos la defienden a capa y espada, especialmente los políticos de todos los partidos, los miembros de las instituciones, los comentaristas, los locutores, los intelectuales, los congresistas, los profesores y los ciudadanos tanto los ingenuos como los maliciosos; pero metafóricamente hablando es como referirse a un fantasma inexistente.

Hay quien habla de la robustez de nuestra democracia, otros dicen que está en transición, otros que es perfectible, otros que en pañales, otros que es imperfecta; pero es un sistema que no funciona, nunca ha funcionado ni podrá funcionar; porque para eso, exige condiciones previas que están fuera del alcance de la realidad y además parte de una hipótesis falsa.

La democracia es un sistema de fingimientos que oculta una cruel trampa, que negocia con las masas populares, que navega con bandera blanca, pero en su seno guarda la traición más vil.

La democracia es profundamente engañosa, otorga al pueblo la titularidad de la soberanía, lo hace alevosamente a sabiendas que no es posible bajo ninguna circunstancia, pero la elocuencia de los demagogos se encarga de reflejar su sombra.

Con el pretexto de una homogeneidad, los demagogos juegan con la desconcertada opinión pública; la democracia no puede darse en ninguna sociedad y menos en una subdesarrollada, puesto que de facto existen muy distintos niveles de capacidad entre los miembros.

Los humanos hemos venido heredando a lo largo de las épocas, características que nos fueron útiles para sobrevivir ante las múltiples amenazas que sobre nosotros se cernían; para superar las adversidades tuvo el hombre que echar mano de su astucia y desarrollar trampas para vencer a las bestias salvajes mucho más fuertes y poderosas que las de nuestros ancestros milenarios.

Inventamos el engaño, nos hicimos diestros en la coartada, usamos las trampas, el camuflaje, la finta, el disfraz e improvisamos la traición como el más exitoso de los recursos. Los más audaces y fuertes encabezaban las jerarquías naturales, obedeciendo una estrategia pragmática que facilitaba la solución de los conflictos que se iban sucediendo.

Como el poder del más fuerte se impone, nace el abuso sobre el débil, la protección se convierte en una herramienta de dominio.

Todos insisten en que la democracia es el mejor sistema político o al menos el menos malo, sus beneficios son inmensos dicen, jamás siquiera se pone en duda su esencia, si acaso su calidad. Pero su inviabilidad práctica es evidente, los partidos políticos no representan más que a cúpulas que negocian el poder, allá en las alturas de la corrupción.

Es indignante y absurdo argumentar que la presidencia o la S.C.J.N. deben poner un alto al abuso de poder, al tráfico de influencias, al nepotismo, al influyentísimo, a la compra de votos y voluntades, al diezmo, a las licitaciones amañadas, a los sobornos,  a los moches, a los cabildeos mercenarios y cualquier otra forma de corrupción socio-política, cuando desde los más altos niveles escurre y se fomenta el mal.

Quitando la demagogia que nos asfixia, ahorraríamos el financiamiento a los partidos políticos, se acabarían las costosísimas campañas con su propaganda y publicidad engañosa y banal, eliminaríamos los congresos que tanto cuestan al erario, terminaríamos con los gremios al servicio del aparato gubernamental en el poder; en fin todo el andamiaje estructural podrido habría que deshacerlo, puesto que solo representa un gasto inútil, un obstáculo para la verdadera justicia social que es la prioridad.

¿Cuál es el sistema político que funcionaría en México y en muchos países emergentes, en los que la gran mayoría de los ciudadanos viven en la ignorancia y en la pobreza?

Para empezar tendríamos como prioridad erradicar las práctica corruptas tan arraigadas en nuestra práctica habitual y esto sería factible cuando la ética fuera la base fundamental de la educación y luego que los cargos públicos no representaran una fuente de enriquecimiento ni puente de privilegios pecuniarios, sino puestos honoríficos a los que solo accederían talentos con capacidad profesional, moral y ética para ejercerlos.

La acumulación de riqueza debiera quedar fuera de toda posibilidad, los gobernantes cupulares serían los más sabios, honestos, hábiles e íntegros de la comunidad y no como es hoy.

La demagogia solo se reduce a la decisión que puede tomar el ciudadano entre opciones que en el fondo son lo mismo, solo con distintas máscaras y esto lo hace cada período electoral, entretanto es olvidado y menos preciado, solo representa la carne de cañón.

Miles de millones de pesos son tirados a la basura en credenciales, boletas, urnas, programas de radio y televisión, institutos e instituciones que han demostrado no servir para nada, el IFE se transforma en INE, el TRIFE y cantidad de comisiones de transparencia de telecomunicaciones que no funcionan, tal como muchas fiscalías que solo son otra carga más.

Mientras México sea el lodazal de corrupción que es, desde la presidencia hasta el alcalde del pueblo más miserable, no veremos la luz ni la mejora.         

           



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