EL PLANETA *
En aquel lejano planeta que se ve allá, las cosas no andan bien,
después de milenios y milenios de evolución, la especie cúspide de esa
naturaleza solo ha avanzado en las ciencias exactas; su progreso ha sido
espectacular en ese sentido; de provenir de manadas de criaturas hundidas en
las selvas de uno de sus continentes más antiguos, ya ha escalado los peldaños
más ásperos del primitivismo.
Lo salvaje ha quedado atrás, como un tortuoso recuerdo, como una
lección aprendida; pero la barbarie no ha sido abandonada, parece recrudecerse
con el paso de los siglos y ahora con métodos de aniquilación muy sofisticados,
capaces de desaparecer la especie cumbre
de aquel maravilloso astro, el peligro de su extinción es enorme.
Planeta lleno de recursos naturales: todos los minerales, mares
riquísimos, bosques abundantes, esplendorosas selvas, cristalinos y caudalosos
ríos, lagos fabulosos, valles asombrosos y fértiles, fantástica flora y
abundante fauna, una atmósfera exclusiva, capaz de proteger, abrigar y fomentar
la vida; aquel planeta parece ser el edén.
Únicamente esa poderosa especie, dotada por extrañas razones de gran
inteligencia y talento para desafiar y vencer los naturales obstáculos y los
que su propia existencia le impone, rompe el equilibrio armónico del planeta. Por
todo ese mundo se fueron dando centros civilizados, se multiplicaron las razas,
se formaron grupos, tribus y culturas que paulatinamente se fueron esparciendo
hacia todos los puntos cardinales, en busca de los mejores medios de
subsistencia, suelos, aguas, climas,
caza, pesca.
Dotado aquel ser superior de exclusivos privilegios, fue dominando a
sus adversarios, su capacidad de adaptación le permitió mutaciones que le
facilitaron la hegemonía, poco a poco se convirtió en el amo de aquella creación;
multitud de dones le brotaron, su presencia y desarrollo, alteró aquel mundo;
gracias a su astucia, logró superar las trabas, someter y dominar la
naturaleza.
Instrucciones que obedece inconcientemente, le obligan a engañar, ser
tramposo, ladrón, voraz, traicionero, asesino y ambicioso. Características que otrora le sirvieron para progresar, expandirse
y conquistar otros pueblos; ahora se revierten en su contra, se convierten en terribles
defectos, se degrada, se corrompe, depreda su bello planeta que ahora luce como
su víctima, lo destroza, lo contamina, su rapacidad no tiene límites, su
codicia no encuentra freno, jamás sacia su apetito de grandeza, su incontenible
deseo de poseer y de dominar lo lleva irremisiblemente a la extinción, el poder
se convirtió en su vicio y la injusticia en su escudo y bandera.
Corrompe todo a su paso, arrasa con bosques y selvas, pudre suelos y
aguas, invade todos los rincones de aquel paraíso perdido en el espacio interestelar,
no deja rincón virgen, la atmósfera se infecta irreversiblemente por su
negligencia.
Ese instinto incontrolable lo ha llevado de guerra en guerra a través
de su larga historia, su gran capacidad lo inclina a apropiarse de mayores
territorios, a la explotación de sus semejantes. Las cosas van de mal en peor
en aquel planeta, se distancia cada vez más de la aspiración que algunos
próceres habían soñado, los ideales de una civilización constructiva, con un
espíritu solidario y un absoluto dominio de su destino, son ya utopías
fracasadas de intelectuales despreciados y filósofos caducos.
Conflagración tras conflagración, en todas partes y en todas las
épocas, la impronta está estampada en sus genes, su genoma trae la información
gravada; los intentos revolucionarios,
religiosos, filosóficos, psicológicos, políticos y sociológicos han resultado
vanos, la especie sigue con su misma barbarie.
Todos los ensayos para rectificar la conducta de la especie han
fracasado, los críticos más enfáticos, cuando llega la oportunidad, se rinden a
las fuerzas tradicionales, la inercia los vence y terminan por ser absorbidos
por ésta; los opositores, los revolucionarios, los activistas acaban
defendiendo lo que al principio atacaban. Urge encontrar un método eficaz para
modificar la tendencia natural de la especie, ya que viven en una profunda y
justificada desconfianza entre ellos.
El cambio de sistemas sociales, políticos y económicos no ha dado los
resultados anhelados, siempre surge la corrupción, el acaparamiento de poder,
el abuso de los fuertes contra los débiles.
La población de aquel infortunado planeta norma su criterio merced a
los medios masivos de información, que
con su enorme poder de sugestión, a su antojo, moldean gustos, preferencias,
creencias, inclinaciones y juicios; reafirmando las instrucciones genéticas de
ambición y voracidad, que hasta entonces
y desde sus orígenes, han caracterizado a la especie.
Pero algunas Universidades y Centros de Investigación de Estudios Avanzados, son oponentes y enemigos
ancestrales del absolutismo que los medios ejercen en aquel planeta; por eso
son acosados, a toda costa desacreditados, ya que difunden entre académicos y
estudiantes la alternativa que encuban desde hace tiempo en sus aulas,
laboratorios y campus. Se trabaja dentro de un proyecto holístico, escuelas y
facultades coordinan conocimientos en encuentros interdisciplinarios, se
construye el futuro.
La propuesta del laboratorio de la facultad de Biología y su división
de Ingeniería Genética no debería descartarse a priori, se apoya en los
avanzados estudios de las Escuelas de Nanotecnología, así como en las recientes
investigaciones del Centro de Resonancia Genómica y de Masa Crítica, los descubrimientos sobre las funciones cerebrales
y el neocortex, también los profundos estudios sobre la psique, dan una
esperanza para la salvación de la especie.
Las ciencias sociales también aportan sus enseñanzas y puntos de
vista, se enriquece la dialéctica, las soluciones emergen como fuentes mágicas,
todas iluminando el sendero que conduciría al éxito del proyecto.
Un sinfín de discusiones se ventila en los centros de enseñanza,
congresos, simposios, asambleas, reuniones, etc. Los argumentos se confrontan,
se analizan, discursos a favor y en contra, hallan la arena donde expresarse.
Entre otras cosas se dice:
La fuerza que impele a nuestra especie a embarcarse en la difícil
tarea del progreso, es la maldad de su naturaleza: los elementos irracionales e
inmorales de ambición y soberbia, mismos que hacen imposible una sociedad estancada
y pacífica; aunque la especie desea la concordia, su naturaleza sabe mejor lo
que es bueno y mejor para ella, así que genéticamente, ordena la discordia.
Un verdadero dilema desatado, las fuerzas conservadoras opuestas a las revolucionarias, las centrales y las
periféricas con todos los matices habidos, se encuentran agitando más, las ya
de por sí, turbias aguas.
La tesis presentada por el grupo de académicos del Instituto de
Investigaciones Genéticas y demás facultades afines al proyecto Nanotecnológico,
al presentarse, tuvo repercusiones en todo el ámbito del Congreso, puesto que el
caos inminente ya bordeaba la extinción de aquel planeta.
Dicha tesis consiste en aceptar como válido el que la información
heredada por su ADN ya no funciona en las condiciones actuales, había sido
útil, necesario e imprescindible para llegar a los estadios en que ahora se
encuentra la especie, no obstante la espera de la mutación natural no se ha
dado, la especie continúa con sus mismas conductas egoístas, corruptas,
depredadoras, inconcientes, soberbias, ambiciosas; se hace entonces necesario
intervenir directamente en el cambio de información genética para heredar a las
siguiente generación, otro plan de convivencia, basado en la concordia, la cooperación, la construcción de un mundo mejor para todos y
dejar en la prehistoria los afanes de dominio que han caracterizado a la
especie desde su origen.
La alteración de información del genoma humano - decían muchos -
podría traer una tara, un estancamiento, un desajuste primordial al plan que la
naturaleza había dado para la especie, esto acarrearía una carga de mansedumbre, un deterioro de las facultades de
la especie, un riesgo sumamente peligroso, que no se puede correr.
Se había alterado ya experimentalmente ADN de gramíneas, de plantas,
de animales, se había ciertamente logrado mejoras en características fundamentales,
se habían perfeccionado semillas, se mejoraron calidades y rendimientos, se han
eliminado enfermedades, malformaciones y otros defectos, se habían superado
otras especies, estaba comprobado.
Pero el caso de nuestra especie es distinto, argumentaban, en contra
de la tesis que esgrimían los científicos de aquel decadente planeta. Atentar
contra la esencia, modificar las instrucciones genéticas resulta una blasfemia.
El programa genético debe ser modificado a través de nanoténicas,
podemos hacerlo, conocemos a fondo la estructura del ácido desoxirribunocléico
y la secuencia de adenina, arginina, tiamina y citosina, también la función del
ARN con su uracilo, .
Cada característica de los individuos de esta especie está escrita en
el código genético correspondiente, hemos detectado el gen de la ambición
desmedida, el de la avaricia, el del egoísmo, el del abuso, el que favorece la
mentira, la trampa y la traición; estos y otros semejantes son modificables con
la nanotecnología, instrumento capaz de modificar la disposición de los átomos
de los ácidos nucleicos de los cromosomas celulares.
Sabemos cómo sustituirlos por secuencias que generen características
contrarias y cualidades fantásticas, solo requerimos la anuencia para
implementar estas teorías en la práctica, lo hemos logrado en especies más
simples con resultados sorprendentes, el cambio debe provenir de nosotros, la naturaleza se atrasará para efectuar
mutaciones que ya urgen. Nadie, sino nosotros mismos, podemos juzgar como
conviene ser a nuestra especie, somos los más interesados en que mejore este
nuestro mundo.
Si las futuras generaciones heredan los mismos vicios y defectos, la
especie estará fatalmente perdida.
Debemos hacer la transformación en una masa crítica de individuos tal,
que la transformación por resonancia genómica, se extienda a toda la especie.
De no hacerlo ya ahora, será demasiado tarde, vean ustedes el estado
en que se halla el planeta y esta civilización, no tiene salida, estamos
entrampados dentro de nuestra propia programación genética depredadora, egoísta
y criminal.
No hemos avanzado un solo ápice desde los inicios, aquí tenemos la
solución a la vista, no seamos renuentes a modificar radicalmente nuestras
instrucciones genéticas, que si bien han traído beneficios y progreso a muchos,
han dejado en el olvido a las grandes mayorías, que hoy sufren el flagelo del
hambre, la miseria y las epidemias.
Nuestro planeta ya nos reclama el mal trato que secularmente le hemos
dado, merced a nuestra implacable ambición, nuestra sed incesante de poder y
dominio, órdenes gravadas profundamente en nuestros genes.
Nuestra propuesta es intervenir
con carácter emergente en nuestro
genoma, por lo que sugerimos investigar con toda nuestros recursos
intelectuales, económicos, científicos y tecnológicos, para hacer realidad este
proyecto.
En sus manos está descartarlo o apoyarlo, es esta nuestra modesta
aportación.
Así dijeron los científicos unidos de aquel hermoso y remoto planeta,
ya no supimos lo que pasó, seguramente aquella luz que se ve a lo lejos en el
cielo, pertenece a ese planeta y su especie superior seguirá vigorosa y logrará
mutar positivamente al compás del universo.
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