EMPLEADO EJEMPLAR
Ser un
esclavo ejemplar es el ideal del sistema, alguien que cumpla más allá de lo
estricto, que agache la mirada humildemente ante la autoridad, que no proteste
por el abuso que se hace de su condición subordinada.
Un
esclavo modelo debe ser el anhelo de todo buen ciudadano, que no critique a su
patrón, a su amo; que dé más de sí
mismo, que ponga toda su capacidad sin restricciones al servicio de la causa de
su dueño y haga siempre el mayor de sus esfuerzos para ejecutar sus obligaciones. El esclavo ideal al que hoy llamamos
eufemísticamente empleado, operario, jornalero, dependiente, obrero,
subordinado o trabajador; debe entregarse por completo, en cuerpo y alma, si no
quiere ser echado a la calle.
El
empleado ejemplar llega mucho antes de la hora de entrada, debe superar las
exigencias del patrón y salir del trabajo mucho después de la terminación de la
jornada, jamás quejarse de las condiciones laborales, resistiendo estoicamente todas las adversidades.
El
empleado modelo debe demostrar ciega fidelidad a su trabajo, lealtad
incondicional hacia su amo, la empresa o el patrón; debe competir contra los
demás trabajadores, demostrando su rendimiento y productividad con orgullo y
satisfacción. El esclavo idóneo no se
arredra ante ningún reto por falta de material, de algún insumo o de energía;
se las arregla siempre para abaratar costos y lo logra con entusiasmo y placer.
Cumple
más allá de su fuerza, está atento, manteniendo máxima concentración en su
trabajo, jamás se distrae, nunca pierde
el tiempo, se dedica a superar día con día su encomienda; sabe que de lo
contrario será despedido. El empleado ejemplar pide más carga de trabajo, hace
mucho más de lo razonable, aunque en ello le vaya la vida; él aporta, se las
ingenia para rendir más. Agradecido con el patrón, siempre está dispuesto a
sacrificarse en beneficio del negocio que le abrió las puertas y está presto a
desempeñar las más arduas tareas, sin dudar.
El
empleado ejemplar insta a sus compañeros a dar de sí mismos, siempre está a
favor del patrón y listo para acusar a aquellos que se atrevan a disminuir su
rendimiento, rebelarse o rumorear contra las condiciones laborales o el salario.
Es infatigable, jamás falta a su trabajo, aún estando enfermo, prefiere morir
de pie frente a su máquina, que quedarse
en casa.
De estos
empleados ofrece México al mundo en esta nueva era de apertura.
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