lunes, 15 de septiembre de 2014

ANARQNHILISMO

ANARQNHILISMO

En efecto, siempre me sentí diferente a los demás, veía como los otros aceptaban sin remilgos las órdenes, a mí me repugnaba someterme a las arbitrariedades de las altas jerarquías; nunca pude inclinarme ante los jefes, me costaba mucho seguir las instrucciones de la autoridad.

Lo mismo me sucedía cuando debíamos hincarnos en la iglesia, realmente me repugnaba asistir a misa, chocaban conmigo los rezos, los cánticos celestiales, los ángeles y los santos; nunca entendí por qué adoraban a una figura llena de sangre, cargando una cruz de madera en la que luego el reo sería clavado.

Los milagros me desconcertaban, luego me daban repugnancia, chocaban con la lógica que la vida me había enseñado; después descubrí en los clérigos su sexualidad reprimida, a la que daban rienda suelta en la clandestinidad de los orfanatorios, tras altares y confesionarios; me enteré de los frecuentes abusos de los padres de la iglesia, fui testigo de sus constantes embates seductores, monjes y hermanos cojeaban de la misma pata.

Los gobernantes civiles representados por policías y solados me intimidaban, jamás sentí apoyo o seguridad en su cercanía, los sentía hostiles y peligrosos.  Me adentré en las noticias y en la historia, ahí me di cuenta de lo rapaces y traidores que son los gobernantes con los pueblos que dicen representar; entonces dudé de todos, me hice escéptico, negué todo artículo de fe, la ciencia objetiva fue la única verdad que quedó incólume.

Soy esencialmente anti-dogmático, no creo nada hasta cerciorarme fehacientemente de cualquier postulado, la demostración de la teoría es la única prueba de mi convencimiento y esto siempre en relativa proporción; supe que el cambio, la evolución y la transformación son lo único constante en este fantástico universo.

Me he emancipado de toda tutela gubernamental, todos los sistemas de control social son perniciosos para la libertad individual; me resisto categórica y radicalmente a claudicar ante el Estado; soy irreverente con sus dioses, sus religiones y todas sus iglesias, blasfemo contra sus íconos de mármol, de yeso o pintados en templos y capillas; algunos de sus héroes nacionales me provocan náusea.

Desprecio sus costumbres, sus peregrinaciones y desfiles militares, sus hábitos de masas en estadios y canchas me tienen sin cuidado; los campeonatos y los torneos con que marean a los públicos inermes me parecen insulsos; sus proezas y conquistas, frívolas. No acepto sus juicios, me rebelo frente a sus hipócritas valores, me niego a sus mandamientos, me vomito en sus palabras, soy sordo a sus discursos.  

El hombre libre no acepta ni barrotes ni cadenas, sean de barro,  acero, aluminio o de oro; nadie encima de mí, tampoco abajo. Cumplo solo la ley que yo mismo me impongo: “No ser con los otros como no quieres que ellos sean contigo, y ser con los demás tal como esperas que ellos sean contigo”.

Soy alérgico a obedecer por temor, refractario a rendirme ante la fuerza del poder, rebelde a las convenciones autoritarias, las dictaduras de cualquier signo me provocan aversión, en mí no tiene cabida la imposición, rechazo horarios estrictos y calendarios extenuantes, desconozco obligaciones y jerarcas, ninguna doctrina podrá aplastarme, rehúso  todo sometimiento.

Reniego de las instituciones, son cárceles para  mi espíritu libre, son estructuras que estrangulan el alma, no soporto los imperativos, no me afilio a ningún partido ni creencia alguna, para mí todas las religiones son trampas para el libre albedrío, todos los dioses el consuelo de los débiles, los gobiernos el infierno para los indolentes.

Las únicas leyes que respeto son las de la naturaleza, la gravedad, la entropía, los vasos comunicantes, la de los gases y en general todas las leyes físicas y biológicas, a excepción la ley de la selva.

Descubrí que soy intrínsecamente anarquista y naturalmente nihilista, por eso escapé de la manada, me separé del redil, huí del rebaño donde quieren mantener rumiando su desventura a los pueblos.

Me dan envidia las águilas que remontan solitarias las alturas, que cazan cuando tienen hambre, que cuidan sus nidos, que crían sus polluelos; soy eminentemente zoológico, me guían los instintos naturales, pero también mi conciencia crítica que me impide someterme a las llamadas autoridades y al gobierno.

Por eso ando errante como Zaratustra.



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