LA
OCUPACIÓN
Las
tropas extranjeras invasoras entraron a la capital en medio del jolgorio, el
griterío, el regocijo y los aplausos de aquel entregado pueblo.
Algunos
de los soldados de aquel contingente parecían haber sido reclutados de las
filas autóctonas que, al igual que la muchedumbre perpleja ante el espectáculo
de la ocupación, también lucía tez morena y pelo oscuro, éstos marchaban a la
retaguardia uniformados y orgullosos del escudo de las estrellas y barras que
distinguen al tío Sam
Los
espectadores sostenían globos de colores que dejaban escapar al paso del
arrogante y victorioso ejército, insuflaban espanta suegras, soplaban silbatos,
sacudían maracas, lanzaban confeti y serpentinas a los invasores con la
sonriente complacencia de sus jefes.
Al
frente, la banda de guerra ejecutaba el himno norteamericano; eunucos,
burócratas, borrachos, clérigos y traidores gritaban de alegría al sentir el
arrogante taconeo de las botas militares desfilando por la gran plaza.
Cientos
de trabajadores en overol limpiaban los escombros que había dejado el incesante
bombardeo sufrido por la ciudad, otros regaban con mangueras de presión la sangre
casi coagulada y costras embarradas en calles y banquetas, mientras enfermeros
y para médicos recogían cadáveres y
tripas diseminados después de la última resistencia.
Los
restos de los defensores nacionales, fueron inmolados con el desprecio que
dijeron merecer los nuevos amos. Los heridos fusilados, en los hospitales solo
atendían a los apedreados extranjeros, que recibían trato de héroes.
El nuevo
gobierno fue escogido entre los más conspicuos admiradores del ejército
invasor, entre los más fieles y sumisos ciudadanos que cooperaron con la
entrega de la soberanía, a la autoridad superior anglosajona.
Se izó
su bandera en el palacio nacional, tronaron los cañones en señal de respeto,
los ahí presentes saludaron con lágrimas de alegría a los Generales invasores que
se frotaban las manos por haber cumplido con éxito, la misión imperial encomendada.
Muchos
adherentes se frustraron al saber la negativa del imperio extranjero para
admitirlos como nuevos ciudadanos, pero se conformaron con seguir siendo tan
solo siervos por los siglos de los siglos.
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