jueves, 25 de septiembre de 2014

OBSESIÓN POR EL CRECIMIENTO ECONÓMICO

LA OBSESIÓN  POR  EL CRECIMIENTO  ECONÓMICO

No sé si el crecimiento económico ha sido siempre la obsesión del hombre, pero hoy en día  ha cobrado dimensiones verdaderamente absurdas, existe una compulsión irreflexiva por crecer.
El crecimiento físico y biológico natural, obedece  a leyes homeostáticas, equilibrios que permiten la evolución del sistema, o al menos su permanencia.   
El crecimiento desproporcionado de cualquier especie biológica sobre las otras, genera un desequilibrio homeostático, que se traduce en una atrofia general del sistema, rompe con el grado natural de estabilidad ecológica.
Actualmente el crecimiento económico es una compulsión generalizada, todos los indicios de cualquier signo político, apuntan indefectiblemente al crecimiento económico, como la panacea y única solución para nuestros problemas sociales; las cuestiones que se discuten son solo diferentes formas de llegar a ese maravilloso crecimiento económico, sin ver que esa misma compulsión por crecer económicamente,  es la causa de nuestra miseria como especie biológica, estancada, incapaz de evolucionar.
Acompañando al crecimiento económico ilimitado e inercial, paralelamente vienen otros crecimientos que cuando menos, debemos que tener en consideración: El crecimiento de basureros, desperdicios, desechos tóxicos, escombros, residuos industriales, humos, fábricas de armamento, ejércitos, venenos químicos, efluentes ácidas; crece la concentración en las urbes, la tala de bosques y selvas; crece  la desertificación, la minería a cielo abierto,  la destrucción de arrecifes y manglares; crece el calentamiento global, el agujero de ozono, el deshielo del polo norte, la contaminación atmosférica, la de suelos y aguas de lagos, ríos, y mares; crece la violencia, la tensión internacional, la burocracia inepta, la deuda de las naciones, la dependencia, el hambre de los pobres y su discriminación; crece también el injusto reparto de la riqueza, la voracidad y ambición de los poderosos; crece la depredación de los recursos no renovables y por último crece la población, generalmente la más marginada y abundante.   
Tendríamos que reconocer que el maligno tumor creciente que somos, para nuestra madre tierra, está tomando estadios metastásicos; es decir, está provocando una seria crisis, que pone en peligro nuestra propia sobrevivencia como huéspedes de este planeta,  que nos ha dado cobijo, que nos ha permitido subsistir hasta este grado evolutivo; el tumor  expande sus tentáculos sobre, adentro y encima del paraíso del que brotamos y que lo menos que le debemos tener, es respeto y gratitud, para poder convivir en armonía con sus leyes.
Pero lo hemos traicionado, le hemos infringido daños irreparables, desarrollamos un sistema económico impío, que pasa sobre cualquier principio elemental de ética, que ha profanado los cimientos donde se apoya su salvaje gentileza, su espléndida grandeza.
Plagas, parásitos, pestes, infecciones y tumores deben contenerse, retraerse, disminuirse;  debemos empezar un proceso de curación; de lo contrario, este crecimiento económico desmedido que  tiene obsesionados a los hombres de negocios, a los políticos, a los medios y a casi todos, será la tumba de nuestra civilización.                


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