LA OBSESIÓN POR EL
CRECIMIENTO ECONÓMICO
No sé si
el crecimiento económico ha sido siempre la obsesión del hombre, pero hoy en
día ha cobrado dimensiones
verdaderamente absurdas, existe una compulsión irreflexiva por crecer.
El
crecimiento físico y biológico natural, obedece
a leyes homeostáticas, equilibrios que permiten la evolución del sistema,
o al menos su permanencia.
El crecimiento
desproporcionado de cualquier especie biológica sobre las otras, genera un
desequilibrio homeostático, que se traduce en una atrofia general del sistema,
rompe con el grado natural de estabilidad ecológica.
Actualmente
el crecimiento económico es una compulsión generalizada, todos los indicios de
cualquier signo político, apuntan indefectiblemente al crecimiento económico, como
la panacea y única solución para nuestros problemas sociales; las cuestiones
que se discuten son solo diferentes formas de llegar a ese maravilloso crecimiento
económico, sin ver que esa misma compulsión por crecer económicamente, es la causa de nuestra miseria como
especie biológica, estancada, incapaz de evolucionar.
Acompañando
al crecimiento económico ilimitado e inercial, paralelamente vienen otros
crecimientos que cuando menos, debemos
que tener en consideración: El crecimiento de basureros,
desperdicios, desechos tóxicos, escombros, residuos industriales, humos,
fábricas de armamento, ejércitos, venenos químicos, efluentes ácidas; crece la concentración en las urbes, la
tala de bosques y selvas; crece la desertificación, la minería a cielo
abierto, la destrucción de arrecifes y
manglares; crece el calentamiento
global, el agujero de ozono, el deshielo del polo norte, la contaminación
atmosférica, la de suelos y aguas de lagos, ríos, y mares; crece la violencia, la tensión internacional, la burocracia inepta,
la deuda de las naciones, la dependencia, el hambre de los pobres y su
discriminación; crece también el
injusto reparto de la riqueza, la voracidad y ambición de los poderosos; crece la depredación de los recursos no
renovables y por último crece la
población, generalmente la más marginada y abundante.
Tendríamos
que reconocer que el maligno tumor creciente que somos, para nuestra madre
tierra, está tomando estadios metastásicos; es decir, está provocando una seria
crisis, que pone en peligro nuestra propia sobrevivencia como huéspedes de este
planeta, que nos ha dado cobijo, que nos
ha permitido subsistir hasta este grado evolutivo; el tumor expande sus tentáculos sobre, adentro y encima
del paraíso del que brotamos y que lo menos que le debemos tener, es respeto y
gratitud, para poder convivir en armonía con sus leyes.
Pero lo
hemos traicionado, le hemos infringido daños irreparables, desarrollamos un
sistema económico impío, que pasa sobre cualquier principio elemental de ética,
que ha profanado los cimientos donde se apoya su salvaje gentileza, su
espléndida grandeza.
Plagas,
parásitos, pestes, infecciones y tumores deben contenerse, retraerse,
disminuirse; debemos empezar un proceso
de curación; de lo contrario, este crecimiento económico desmedido que tiene obsesionados a los hombres de negocios,
a los políticos, a los medios y a casi todos, será la tumba de nuestra
civilización.
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