lunes, 15 de septiembre de 2014

DEMAGOGOS

DEMAGOGOS

Insisten en hablar de lo que no existe, constantes comentarios y diálogos intensos se hacen sobre temas que simple y llanamente son ilusiones, ideales o utopías, que tan solo distorsionan la realidad, refiriéndola a una entelequia.

Se entablan auténticas  polémicas y debates sobre materias abstractas carentes de objetividad.  En religión y en política no hay bases fundamentadas científicas, todo es especulación, paradigmas engañosos que solo benefician a los sacerdotes y a los demagogos que, con sus recursos retóricos, intentan embaucar al público y a las audiencias.

Todo lo que gira alrededor de lo fantasioso es falso, todo lo que se refiere a la Democracia por lo tanto es falaz: Partidos políticos, líderes, elecciones, campañas, votos, urnas, propaganda, mítines, apoyos, entrevistas, opiniones, etc. son tan ficticios y simulados como la representatividad que suponen las Cámaras Legislativas y el Poder Ejecutivo; el Poder Judicial tampoco es autónomo, la división de poderes es otro engaño.

Es un teatro que diario nos presenta escenas tortuosas, donde los protagonistas salen a los medios a informar de lo que ni en sombra existe, muchos lo sabemos, otros lo sospechan o lo intuyen, a los demás quizá no les importa.

Hablan de consensos, acuerdos y pactos; saliva invertida en convencer a la opinión pública para que se rinda ante las promesas de los políticos que se dicen tener la representación popular, merced a “elecciones libres”.   

Para que existiera la famosísima democracia, tendría que  contarse con un pueblo homogéneo,  con niveles semejantes de educación y de economía, como tal vez exista en países como Noruega, Dinamarca o Finlandia, donde no hay tanta desigualdad entre los miembros de la sociedad.

En países en los que la concentración de la riqueza y el poder son tan acusados y tajantes, donde un puñado de magnates acumula la gran mayoría de los recursos y en contraste la inmensa mayoría sobrevive en la penuria y la ignorancia ¿cómo es posible siquiera hablar de Democracia? aquí donde el voto se compra, donde vivir del presupuesto público es garantía de ingresos, donde la clase política roba, tranza o influye en favoritismos impunemente, la democracia se degrada en demagogia.

La democracia es impracticable en todos los ámbitos nacionales, no la hay ni en sindicatos, ni en instituciones, ni en partidos, ni en los congresos ¿Por qué insistir y seguir parloteando de algo que sencillamente no existe para nada?

Reformas van, negocios vienen; leyes, modificaciones, movimientos, cambios de nomenclatura de federal a nacional, de nada sirve; no hay siquiera transición a la democracia, tampoco democracia incipiente o imperfecta y menos robusta como lo asegura el gobierno, pero ahí estamos enfrascados tocando con la yema de los dedos una pompa de jabón sin ningún sustento sólido.

Tampoco se da la Democracia ni en la ONU, ni en La OTAN, ni la OEA, ni en la CEE; es un sistema que permite el dominio de los fuertes sobre los débiles, haciendo creer a estos últimos que ellos son los representados.

En México se gastan miles de millones de pesos en este absurdo engaño, en el mantenimiento de los aparatos burocráticos que succionan del erario, que con tanta pena aportan los pueblos paupérrimos,  saqueados y explotados.

Debemos explorar otras opciones políticas que consideren la realidad social de nuestros pueblos, los cargos públicos deben ser honoríficos por méritos académicos, de talento, de vocación, de interés en el bienestar del ciudadano y no esta infamia demagógica inventada en Grecia hace dos mil quinientos años y que desecharon los atenienses por irrealizable, sistema que fue descartado durante dos milenios y que reaparece en la Revolución Francesa para degenerar en la Monarquía Ilustrada.

Podrán pasar otros tantos siglos y seguirán encimados en la misma necedad, hablando alrededor de la palabra Democracia, no referida a algo real y existente,  sino a un modelo político engañoso que oculta en su discurso la perversidad de  hacer creer al ciudadano que es él,  el rector y el protagonista de la historia social.   

El objetivo es así,  diseñar un sistema dinámico que apunte como centro primordial, el bienestar del ser humano y no que tenga por meta,  la obsesión del dinero y la eterna ambición de poseerlo.



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