DEMAGOGOS
Insisten
en hablar de lo que no existe, constantes comentarios y diálogos intensos se
hacen sobre temas que simple y llanamente son ilusiones, ideales o utopías, que
tan solo distorsionan la realidad, refiriéndola a una entelequia.
Se
entablan auténticas polémicas y debates
sobre materias abstractas carentes de objetividad. En religión y en política no hay bases
fundamentadas científicas, todo es especulación, paradigmas engañosos que solo
benefician a los sacerdotes y a los demagogos que, con sus recursos retóricos, intentan
embaucar al público y a las audiencias.
Todo lo
que gira alrededor de lo fantasioso es falso, todo lo que se refiere a la
Democracia por lo tanto es falaz: Partidos políticos, líderes, elecciones,
campañas, votos, urnas, propaganda, mítines, apoyos, entrevistas, opiniones,
etc. son tan ficticios y simulados como la representatividad que suponen las
Cámaras Legislativas y el Poder Ejecutivo; el Poder Judicial tampoco es
autónomo, la división de poderes es otro engaño.
Es un
teatro que diario nos presenta escenas tortuosas, donde los protagonistas salen
a los medios a informar de lo que ni en sombra existe, muchos lo sabemos, otros
lo sospechan o lo intuyen, a los demás quizá no les importa.
Hablan
de consensos, acuerdos y pactos; saliva invertida en convencer a la opinión
pública para que se rinda ante las promesas de los políticos que se dicen tener
la representación popular, merced a “elecciones libres”.
Para que
existiera la famosísima democracia, tendría que
contarse con un pueblo homogéneo,
con niveles semejantes de educación y de economía, como tal vez exista
en países como Noruega, Dinamarca o Finlandia, donde no hay tanta desigualdad
entre los miembros de la sociedad.
En
países en los que la concentración de la riqueza y el poder son tan acusados y
tajantes, donde un puñado de magnates acumula la gran mayoría de los recursos y
en contraste la inmensa mayoría sobrevive en la penuria y la ignorancia ¿cómo
es posible siquiera hablar de Democracia? aquí donde el voto se compra, donde
vivir del presupuesto público es garantía de ingresos, donde la clase política
roba, tranza o influye en favoritismos impunemente, la democracia se degrada en
demagogia.
La
democracia es impracticable en todos los ámbitos nacionales, no la hay ni en
sindicatos, ni en instituciones, ni en partidos, ni en los congresos ¿Por qué
insistir y seguir parloteando de algo que sencillamente no existe para nada?
Reformas
van, negocios vienen; leyes, modificaciones, movimientos, cambios de
nomenclatura de federal a nacional, de nada sirve; no hay siquiera transición a
la democracia, tampoco democracia incipiente o imperfecta y menos robusta como
lo asegura el gobierno, pero ahí estamos enfrascados tocando con la yema de los
dedos una pompa de jabón sin ningún sustento sólido.
Tampoco
se da la Democracia ni en la ONU, ni en La OTAN, ni la OEA, ni en la CEE; es un
sistema que permite el dominio de los fuertes sobre los débiles, haciendo creer
a estos últimos que ellos son los representados.
En
México se gastan miles de millones de pesos en este absurdo engaño, en el
mantenimiento de los aparatos burocráticos que succionan del erario, que con
tanta pena aportan los pueblos paupérrimos,
saqueados y explotados.
Debemos explorar
otras opciones políticas que consideren la realidad social de nuestros pueblos,
los cargos públicos deben ser honoríficos por méritos académicos, de talento,
de vocación, de interés en el bienestar del ciudadano y no esta infamia
demagógica inventada en Grecia hace dos mil quinientos años y que desecharon
los atenienses por irrealizable, sistema que fue descartado durante dos
milenios y que reaparece en la Revolución Francesa para degenerar en la
Monarquía Ilustrada.
Podrán
pasar otros tantos siglos y seguirán encimados en la misma necedad, hablando
alrededor de la palabra Democracia, no referida a algo real y existente, sino a un modelo político engañoso que oculta
en su discurso la perversidad de hacer creer
al ciudadano que es él, el rector y el
protagonista de la historia social.
El
objetivo es así, diseñar un sistema
dinámico que apunte como centro primordial, el bienestar del ser humano y no
que tenga por meta, la obsesión del
dinero y la eterna ambición de poseerlo.
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