lunes, 15 de septiembre de 2014

EL BAILE DE LAS FORTUNAS

EL  BAILE  DE  LAS  FORTUNAS

La danza de los potentados, el juego de los millones no cesa, los nombres de los más conspicuos y opulentos hombres de negocios se barajan en la cúspide de la riqueza, allá donde por la revista Forbes, nos enteramos de sus cuitas y corruptelas.

Los miserables, los pobres y la clase media con todas sus escalas, nos debemos contentar con saber de sus inconmensurables capitales, brincando entre sus cuentas, como si fuera un balón cargado de oro y dinamita.

Las acciones de los consorcios multimillonarios saltan en una especie de casino, se agitan en las bolsas de valores,  mientras el pueblo expectante y atolondrado, no alcanza a comprender las fintas de estos tahúres, cubiertos de firmas, marcas y confusos escudos de impunidad, relegándonos no solo a ser espectadores, sino también a víctimas de tan negro y vil espectáculo.

Gigantes de las telecomunicaciones cuyos dominios tienen un sospechoso origen, conviven en los mismos exclusivos clubs, departen en los mismos restaurantes, se cruzan en linajes convenientes, celebran juntos en Palacio Nacional, se reúnen en los Pinos, se suben a un rin de pacotilla para intercambiar intereses y sonrisas, frente a un público estupefacto que aplaude o abuchea inerme, sus hazañas bursátiles y financieras. 

Como si fuera un score deportivo, en el que los aficionados están inmersos, así el público es enterado de los golpes bajos, de las carambolas de tres bandas, que los contendientes de peso completo fingen darse, pero bajo el agua, se mofan de los cautivos consumidores de sus enajenantes servicios y productos.

Lo absurdo de estas cínicas aberraciones, es que son tema de conversación y preocupación para radio escuchas y televidentes, que se tuercen los dedos a favor o en contra de los colosos, que se reparten el pastel del poder mediático.

¿Hasta cuándo habrá de abrir los ojos el pueblo? ¿Hasta cuándo habrá de desengancharse de este sórdido espectáculo en el que él es el protagonista pasivo y su atención, motivo de las discordias de los monstruos del engaño, el poder y la riqueza.  




     

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