MISIÓN IMPOSIBLE
La
democracia no se da ni en el Vaticano, un país de lo más pequeño y rico,
habitado por ilustres y eruditos pontífices políglotos, doctores en teología,
cardenales y obispos con elevados estudios culturales, que les permiten codearse
con los personajes más egregios de las jerarquías internacionales, habituados
al caviar, al salmón, al coñac y a la champaña.
Tampoco
existe la democracia en la Organización de las Naciones Unidas, donde solo unos
cuantos países conforman el Consejo de Seguridad y tienen derecho de veto. Los países periféricos no son tomados en
consideración en las decisiones importantes, no tienen voto y apenas voz, pero
sin peso.
No hay
democracia tampoco en otros organismos internacionales cuyas siglas sale sobrando
mencionar, ahí también se impone la voluntad de los intereses de los poderosos,
los débiles cuentan muy poco.
No se da
dentro de países que se proclaman como adalides de la democracia, ahí también
el poder se reparte entre quienes hayan invertido más y mejor en las campañas
electorales, el poder financiero inclina la balanza a favor de quien le
conviene, mientras las monarquías tradicionales de Europa continúan con sus
mismas formas y privilegios.
La democracia no se da dentro de los propios
partidos políticos, ahí al igual que en otras instancias, existen los mismos
vicios: fraude, compra de votos, trampas, cargadas, etc.
No
existe en el Congreso de la Unión, se cuentan mal los votos o se venden al mejor postor, se negocian los
acuerdos, se subastan cabildeos y otras desvergüenzas.
Ni
siquiera dentro de la propia Suprema Corte de Justicia de la Nación se respetan
las opiniones de los magistrados libremente
¿Qué
podemos esperar de la democracia mexicana como sistema político de moda, en un
país tan rudimentario como este, tan injusto socialmente hablando, con una
concentración de la riqueza ofensiva, con enorme ignorancia y miseria en más de la mitad de la
población?
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