martes, 28 de abril de 2015

IMITACION DE UN FRACASO



IMITACION DE UN FRACASO

Los países llamados desarrollados, protagonizaron el siglo pasado dos guerras mundiales que llevaron a la muerte a decenas de millones de seres humanos, militares y civiles fueron víctimas de esta aberración histórica; además se provocaron 67 conflagraciones regionales con otros tantos millones de personas asesinadas y heridas, se detonaron dos bombas atómicas sobre  ciudades, se  devastaron enormes extensiones de tierra cultivable, un enorme sufrimiento en el mundo, traumas post guerras, dolor incalculable.
Gracias a esas fuertes economías, hoy tenemos en nuestro mundo problemas ecológicos muy graves que amenazan la sobrevivencia de la humanidad. No hace falta nombrar todos los problemas que se ciernen sobre nosotros, basta con mencionar el derretimiento de los polos, la contaminación de la atmósfera, los mares y los suelos de nuestro planeta merced a los desechos industriales tóxicos, para recapacitar sobre su ejemplo.
La explotación de los recursos naturales no renovables y la sobreexplotación de los renovables, traen consigo una perspectiva pesimista y fatal, de consecuencias nefastas e irreversibles para la sana  sustentación de nuestra civilización.  
La economía que impera en el mundo y para que marche como esperan sus voceros, defensores y propulsores; se fundamenta en el consumo y este fomenta la insatisfacción perenne; lo que significa una constante transformación de recursos naturales en desperdicios, apuntando así hacia el caos ecológico.
Pero nuestros países tercer mundistas con economías llamadas emergentes, se perfilan en la imitación inútil de aquellos que han llegado al tan anhelado desarrollo; husmean e intentan copiar sus patrones de consumo, tratan de seguir sus huellas, quieren ser como ellos.
El ejemplo que han dejado los países ricos, tiene dos caras; si bien es cierto que han alcanzado un nivel de vida satisfactorio para la mayoría de su población, algo muy plausible; también han incurrido en prácticas deleznables, enajenantes y caóticas.
Los tentáculos globalizantes de sus economías, absorben con sus ventosas financieras los recursos de todo el planeta indiscriminadamente, está en su naturaleza, obedecen a una inercia sistémica programada para la devastación.
Conociendo estas fallas ¿Por qué se empeñan nuestros países en imitar y hacer el juego a esas economías fundamentadas en el consumo irrestricto? ¿Somos tan dependientes y estamos tan estrechamente vinculados a ellos, que no nos es posible tomar decisiones autónomas, libres, independientes y soberanas?
¿Seremos tan ineptos e incapaces para no emplear nuestra creatividad para inventar y generar un modelo acorde con nuestra realidad, ensayar otras opciones de convivencia pacífica, justa y armónica con el medio ambiente, con nuestros semejantes y con nosotros mismos?  ¡Parece que no!

       


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