VÓMITO ELECTORAL
Resistió
estoicamente durante meses la permanente retahíla de mensajes institucionales
invitando a los ciudadanos a cumplir con el sagrado derecho de elegir a sus
próximos saqueadores y verdugos, aguantó en sacrificado silencio la inconmensurable
propaganda esparcida sin cesar por radio y televisión, tuvo que soportar los
incesantes slogans de los partidos políticos, hubo de tolerar callado las
súbitas interrupciones de la publicidad electorera.
Su
cerebro trastornado por aquella infamia, lo traía embrutecido, así se iba a la
cama, con la cabeza dando vueltas alrededor de los candidatos postulados para
ganar toda clase de cargos públicos.
Mala
puntería tenía al encender el aparato receptor, lo primero que captaba su
vigilia era el anuncio verde, inmediatamente cambiaba la estación y ahí se
encontraba al color turquesa, temblando de espanto lo apagaba para no perder la
cordura; al cabo de un rato de serenidad y en busca de un noticiero confiable o
buena música, volvía a prender el artefacto y ahí estaba el amarillo, entonces
renunció a recibir las ondas hertzianas,
electromagnéticas, analógicas y digitales definitivamente.
Salía a
respirar aire fresco y ahí estaba el azul con sus desplegados monumentales presumiendo
su decencia, cerraba los ojos y cambiaba de rumbo, pero ahora el detestado rojo
aparecía con sus espectaculares pregonando cínicamente su honestidad, se veía
acosado por todos lados; perturbado, entonces huía por las calles, pero allá lo
cooptaban el humanista, el incoloro, los oportunistas, los colados y hasta los
independientes.
Entraba
a la iglesia, prometía sacrificios y peregrinaciones para que ya pasaran las
malditas elecciones, ofrecía vestir el hábito de San Antonio, pero el cielo no lo
escuchaba, hasta el cura los conminaba a sufragar por quien más cristiano
fuese; en su trabajo, en el café, en el cine, en el camión lo cercaban los
spots electoreros.
El día
de las asquerosas elecciones se formó en la fila ya casi hipnotizado y medio
tambaleándose, al llegar a la urna le ganó la nausea y le vomitó encima,
embadurnando las boletas con repugnante hedor a democracia mexicana.
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