martes, 28 de abril de 2015

VÓMITO ELECTORAL



VÓMITO  ELECTORAL

Resistió estoicamente durante meses la permanente retahíla de mensajes institucionales invitando a los ciudadanos a cumplir con el sagrado derecho de elegir a sus próximos saqueadores y verdugos, aguantó en sacrificado silencio la inconmensurable propaganda esparcida sin cesar por radio y televisión, tuvo que soportar los incesantes slogans de los partidos políticos, hubo de tolerar callado las súbitas interrupciones de la publicidad electorera.

Su cerebro trastornado por aquella infamia, lo traía embrutecido, así se iba a la cama, con la cabeza dando vueltas alrededor de los candidatos postulados para ganar toda clase de cargos públicos.

Mala puntería tenía al encender el aparato receptor, lo primero que captaba su vigilia era el anuncio verde, inmediatamente cambiaba la estación y ahí se encontraba al color turquesa, temblando de espanto lo apagaba para no perder la cordura; al cabo de un rato de serenidad y en busca de un noticiero confiable o buena música, volvía a prender el artefacto y ahí estaba el amarillo, entonces renunció a recibir las ondas hertzianas,  electromagnéticas, analógicas y digitales definitivamente.

Salía a respirar aire fresco y ahí estaba el azul con sus desplegados monumentales presumiendo su decencia, cerraba los ojos y cambiaba de rumbo, pero ahora el detestado rojo aparecía con sus espectaculares pregonando cínicamente su honestidad, se veía acosado por todos lados; perturbado, entonces huía por las calles, pero allá lo cooptaban el humanista, el incoloro, los oportunistas, los colados y hasta los independientes.

Entraba a la iglesia, prometía sacrificios y peregrinaciones para que ya pasaran las malditas elecciones, ofrecía vestir el hábito de San Antonio, pero el cielo no lo escuchaba, hasta el cura los conminaba a sufragar por quien más cristiano fuese; en su trabajo, en el café, en el cine, en el camión lo cercaban los spots electoreros.

El día de las asquerosas elecciones se formó en la fila ya casi hipnotizado y medio tambaleándose, al llegar a la urna le ganó la nausea y le vomitó encima, embadurnando las boletas con repugnante hedor  a democracia mexicana.      
     

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