PRIVATIZAR
La consigna, instrucción, orden o política de los órganos financieros
internacionales, en esta era de globalización forzosa, es privatizar. En especial interesa hacerlo con los bienes
estratégicos de los países subdesarrollados, emergentes o tercermundistas.
Los países así llamados no han transitado de una era preindustrial a una
industrial, no obstante, se han integrado al proceso de globalización de los
mercados, dentro de la apertura comercial; se han vuelto consumidores, de los
productos, que han invadido sus territorios; de las modas y del estilo de vida
del primer mundo, al que imitan compulsivamente, sin poseer ni la estructura ni
la tecnología ni la administración, para satisfacer las necesidades impuestas
por la expansión del capital.
La perversa estrategia consiste en corromper las economías de los países
subdesarrollados, doblegando a las empresas estratégicas estatales, con el
flagelo de sobornos y sabotajes, para evidenciar la ineficiencia burocrática de
los gobiernos para dirigir y controlar; así vemos por ejemplo, la ordeña de los
ductos de Pemex con la complicidad de funcionarios y empleados de la propia
paraestatal.
Las sofisticadas y modernas invasiones y conquistas no se hace necesario
ejecutarlas con ejércitos, se somete a los países con medidas financieras
usureras, imponiendo altas tasas de interés a los créditos que “benévolamente”
se otorgan; apoderándose de sus bancos, de sus servicios básicos, de su gran
comercio, de sus comunicaciones y de los recursos naturales fundamentales.
Haciendo a las economías, antes con cierta autosuficiencia alimentaria,
completamente dependientes de las importaciones.
En el proceso privatizador son beneficiadas aquellas empresas que poseen el
suficiente capital, la tecnología y la experiencia para la explotación del
recurso de referencia, por lo que los corporativos multinacionales tienen
enorme ventaja sobre las insignificantes compañías locales, que apenas
sobreviven en el mercado.
Nuestro país solo puede aspirar
-cuando mucho - a ser proveedor de materias primas, en los casos donde no conviene a las
multinacionales intervenir; también a ser maquilador, por el bajo costo y la docilidad de su mano de
obra, a la adquisición de franquicias por algunos privilegiados, que lograron
colarse en la política y que vivirán a la sombra de las marcas trasnacionales.
Las reformas hechas por el gobierno mexicano no fueron diseñadas para
beneficio del pueblo, ni pensadas por gobernantes nacionales, sino hábilmente
planeadas por estrategas internacionales con la debida anticipación , dentro de
la lógica de la economía que busca a toda costa el mayor rendimiento del
capital, considerando al hombre no como prioridad, sino como consumidor, como
un elemento productivo más en el sistema, que necesita expandirse ciega e
incesantemente, aplastando todo cuanto haya en su camino.
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