lunes, 25 de enero de 2016

LOS  GRILLOS

Entró vociferando picardías y haciendo sórdidos aspavientos con ambos brazos, un séquito de asistentes lo seguían y una corte de ayudantes le abrían paso a la entrada del vestíbulo, avanzaba con insólita arrogancia, repartiendo algunas miradas de consideración por si aparecía por ahí alguien de importancia, pero en general veía con pedantería a la concurrencia que en ese momento se aglomeraba en el hotel donde, en unos minutos más, se destaparía oficialmente al candidato, seguía avanzando en medio de reporteros, periodistas y fotógrafos, con su clásica petulancia.
Pasaron como un tropel por aquel lobby que, en un momento quedó vacío; el prepotente político había traspasado el umbral del salón principal, donde se llevaría a cabo la reunión con el personaje ungido y futuro presidente.
No me sorprendió ver como se inclinaba ante el candidato, ni como se transformaba su   semblante, su natural altanería convertida en sumisión me provocó asco; su obvio fingimiento era ya notorio, veía con morboso entusiasmo al poderoso funcionario, aplaudía a rabiar como si fuese la culminación de una obra excelsa, allí le vi como una oveja entregada voluntariamente al sacrificio.
¡Qué manera de arrastrarse! Se embarraba sobre el mantel, se embadurnaba de brillo para asomarse por el ángulo que le permitiera enfocar al nuevo líder, todos se comportaban igual, compitiendo por una mirada, lamiendo sus esperanzas, soñando con los huesos que habrían de derivar, de aquel magno evento.
¡Qué bajo han caído los políticos! – Comentaba un comensal independiente que - por casualidad - ahí se encontraba.- Así se las gastan en la grilla cotidiana, pensó; es la democracia y sus recovecos, la cargada es tradicional en este sistema electorero, mira como extienden los cuellos, como babean, como lambisconean; aprende, para cuando quieras aspirar a ocupar un cargo público.

Siempre han sido así, enaltecen al fuerte y poderoso; desprecian al débil y modesto, son las reglas de la grilla; cuando cesa el rango de la alta jerarquía o de alguna manera se desabarranca el ungido, buscan al sustituto para rendir pleitesía, si es que no son ellos mismos, los elegidos por la mano que mece la cuna. Son especialistas en colarse en gabinetes y poderes, saltan como chinches de cabildos a alcaldías, de secretarios a diputados, de senadores a jueces, de gobernadores a embajadas, de analfabetas a presidentes.                

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