lunes, 26 de noviembre de 2012


EL CAPITAL

Debemos, a como de lugar, defender al sistema capitalista y en especial a este modelo neoliberal ahora que finalmente lo pusimos en boga, después de tantas amenazas y vicisitudes, pues nos garantiza el crecimiento indefinido de nuestros privilegios y valores, derivados del merecimiento que el arriesgar nuestros ahorros de muchos años y arduo trabajo y sacrificio, conlleva.
La libertad, que tanto empeño nos ha costado conquistar en este mundo lleno de envidia, violencia y despojo de los patrimonios  y bienes que nuestra clase ha acumulado gracias a su tenacidad, no está ya más en juego.
No podemos permitir que dictadorzuelos de paisuchos tropicales, amenacen nuestra riqueza habida por inteligentes inversiones y como resultado de temerarias empresas que han sabido a colocarse alrededor del globo, donde la conveniencia económica lo indica.
El capitalismo es la sagrada forma natural del desarrollo del hombre astuto y sabio, haciendo énfasis en la capacidad de cada competidor para triunfar sobre su adversario, destruyéndole o bien: haciendo alianzas fortalecedoras para controlar los mercados con interesantes monopolios.
La sacra libertad de especular en las diferentes bolsas internacionales parta sacar ventajas en el financiamiento de proyectos que aseguren utilidades insospechadas a los accionistas de grupos que han depositado su confianza en el sistema.
No debemos tentarnos el corazón ni nos debe temblar la mano para desatar guerras, derrocar gobiernos, incitar rebeliones, arrasar recursos, pervertir burocracias emergentes, imponer nuestros incondicionales, alterar comicios electorales, apoyar campañas políticas, diseminar falsedades, publicar calumnias, pervertir generaciones, sobornar líderes, tampoco perpetrar actos terroristas para expandir el poder de nuestros capitales.
Nuestros descendientes nos absolverán y agradecerán por siglos, estos afanes.   


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