EL CAPITAL
Debemos, a como de lugar, defender al sistema
capitalista y en especial a este modelo neoliberal ahora que finalmente lo
pusimos en boga, después de tantas amenazas y vicisitudes, pues nos garantiza
el crecimiento indefinido de nuestros privilegios y valores, derivados del
merecimiento que el arriesgar nuestros ahorros de muchos años y arduo trabajo y
sacrificio, conlleva.
La libertad, que tanto empeño nos ha costado
conquistar en este mundo lleno de envidia, violencia y despojo de los
patrimonios y bienes que nuestra clase
ha acumulado gracias a su tenacidad, no está ya más en juego.
No podemos permitir que dictadorzuelos de
paisuchos tropicales, amenacen nuestra riqueza habida por inteligentes
inversiones y como resultado de temerarias empresas que han sabido a colocarse
alrededor del globo, donde la conveniencia económica lo indica.
El capitalismo es la sagrada forma natural
del desarrollo del hombre astuto y sabio, haciendo énfasis en la capacidad de
cada competidor para triunfar sobre su adversario, destruyéndole o bien:
haciendo alianzas fortalecedoras para controlar los mercados con interesantes
monopolios.
La sacra libertad de especular en las
diferentes bolsas internacionales parta sacar ventajas en el financiamiento de
proyectos que aseguren utilidades insospechadas a los accionistas de grupos que
han depositado su confianza en el sistema.
No debemos tentarnos el corazón ni nos debe
temblar la mano para desatar guerras, derrocar gobiernos, incitar rebeliones,
arrasar recursos, pervertir burocracias emergentes, imponer nuestros incondicionales,
alterar comicios electorales, apoyar campañas políticas, diseminar falsedades,
publicar calumnias, pervertir generaciones, sobornar líderes, tampoco perpetrar
actos terroristas para expandir el poder de nuestros capitales.
Nuestros descendientes nos absolverán y
agradecerán por siglos, estos afanes.
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