LAS REFORMAS
Las reformas que requiere el país no deben
ser aplazadas, así lo reclaman todos los sectores de la población, como si esta
fuera una nación de leyes, como si se cumpliera el espíritu de la constitución.
Hablan de la democracia como si en realidad
existiera, como si fuese un hecho consumado, la defienden a capa y espada con
toda clase de argumentos, cuando todos los ciudadanos sabemos que el votar es
tan solo un juego, una patraña para dar legitimidad al poder que se ensaña con
los bienes patrimoniales de la nación.
Urgen las reformas, claman unos, vayamos
unidos a hacerlas, vociferan otros, las famosas reformas que les favorecerán
más aún A LOS YA FAVORECIDOS. En que consisten las famosas reformas nos
preguntamos, si de todas maneras hacen lo que se les pega la gana, aplican la
ley estricta a sus enemigos o a quien no se puede defender y la pasan por alto
a sus camaradas, amigos y cómplices.
Teóricamente tendríamos el derecho de
petición los ciudadanos como lo establece el Art. 8 de la Carta Magna y someter
a consideración del Congreso, iniciativas emanadas directamente del seno del
pueblo, pero esto está en desuso por la soberbia de los gobernantes,
usurpadores de nuestra soberanía. Yo me pregunto ¿Con qué derecho los
gobernantes concecionan los bienes patrimoniales de la nación a su arbitrio y
discreción a empresas extranjeras sin consultar, sin la autorización, sin la
aprobación del pueblo?
Las minas que son riqueza del país están en
manos foráneas en un 80%, (Wirikuta) las costas mejores ya no nos pertenecen,
el espectro radioeléctrico se lo disputan dos monopolios multimillonarios, el
petróleo está en la mesa de remates al mejor postor, la electricidad, etc.
El manejo subliminal de la información es un
arma poderosa, la manipulación del público pasivo es definitiva, las premisas
estipulan principios radicales que no se prestan a interpretación alguna; así
por ejemplo en la pantalla chica de los
noticieros aparece la siguiente encuesta, para que el incauto
televidente decida entre las únicas tres posibilidades abiertas a la pregunta:
¿Qué está impidiendo que no llegue la inversión extranjera a México? ¿UD qué
opina?
A) No damos las suficientes facilidades
laborales, fiscales ni ecológicas.
B) La inseguridad que provocan las bandas
delictivas del crimen organizado.
C) No somos lo suficientemente competitivos
frente a otros países emergentes.
Están dando por hecho que la inversión
extranjera es de suyo buena, benéfica, positiva; cuando vemos como han
destrozado la economía doméstica, cuando solo vienen a depredar y explotar la
mano de obra casi regalada que ofrece México y como han llevado a la quiebra a
miles de pequeñas empresas y comercios nacionales, gracias a la apertura
comercial y prácticamente indiscriminada, que los gobiernos serviles y
neoliberales implementaron.
El consenso de Washington en los 90s. ,
decidió ciertas políticas para el desarrollo y ayuda a los países pobres
latinoamericanos utilizando dos instituciones básicas para el financiamiento de
esas economías: El Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI),
creadas por los Acuerdos de Bretton Woods al término de la Segunda Guerra
Mundial. Ambas Instituciones condicionan la ayuda -entre otras- a las
siguientes premisas:
7) Política de apertura para la inversión extranjera directa
Puesto que la existencia de un nacionalismo económico es
totalmente
desaprobado por Washington
8) Política de privatizaciones. . En las privatizaciones, aceptan que, se
debe tener presente que pueden ser necesarias más reformas complementarias,
pues se corre el riesgo de convertir un monopolio público en otro privado, como
lo es TELMEX.
10) Derechos de propiedad. Como el sagrado fundamento del capitalismo.
Adviértase que las políticas de reformas fueron aplicadas en toda América
Latina en ocasiones intensa, en otras parcialmente, pero siempre con decisión.
Se suprimieron los controles de cambios y de cuentas de capital.
Bancos, empresas eléctricas, de
petróleo, de telecomunicaciones y las redes viales, así como los
servicios de agua y gas, se vendieron al sector privado generalmente
internacional, no por iniciativa de las marionetas nacionales, como Salinas,
Zedillo, Fox y Calderón; sino por instrucciones del Consenso de Washington.
En la región, entre los años 1986 y 1999 se sucedieron 396 ventas al sector
privado, representando más de la mitad del valor de todas las privatizaciones
que se realizaron en los países en vías de desarrollo en el mundo.
De ello resultó un incremento continuado de la inversión extranjera directa
(IED). Quién sino las grandes empresas trasnacionales pueden adquirir en
propiedad los bienes nacionales en complicidad, por supuesto con los
gobernantes a doc. América Latina
ingresó en el tercer milenio con más de 450 millones de habitantes. Más de un
tercio de su población vive en la pobreza, con ingresos inferiores a los 2
dólares diarios. En América latina casi 80 millones de personas padecen pobreza
extrema, con ingresos inferiores al dólar al día.
El economista diseñador del Consenso de Washington, John Williamson aclara:
“Excluí deliberadamente de la lista aquello que pudiera ser, ante todo
redistributivo, porque sentí que en el Washington de los 80`s, había un
desprecio por preocupaciones sobre equidad”
Se excluyeron igualmente otros temas como el del medio ambiente, a la
vez que el carácter de las propuestas era más bien liberalizador o
antiestatista.
Una crítica más al consenso, es la de juzgar a los países exclusivamente
por los indicadores económicos (PNB), cuando hemos aprendido que se deben medir
también por los sociales” y en especial por el de la distribución equitativa de
la riqueza., favoreciendo un sano equilibrio, dando más oportunidad a las
clases bajas.
La deuda externa continúa demasiado alta en la mayoría de los
países latinoamericanos, en donde alcanza un 55% del PIB, muy por encima de los
niveles de los años 90.
Un nivel de deuda más bajo brindaría la oportunidad de gastar más en
infraestructura, salud, educación y protección social, al mismo tiempo que
serviría para tratar de resolver las distorsiones impositivas existentes.
Surge la pregunta: ¿Quién es el acreedor o a quién le debemos todos los países del mundo? La
respuesta es cuestión vital para comprender nuestra realidad.
La Reserva Federal de los Estados Unidos es la institución privada, cuyo
afán es el lucro y es la garante de los respaldos monetarios que circulan por
todo el mundo, ahí se deciden y autorizan las emisiones de dinero.
Para terminar con este ensayo, es útil complementar con lo dicho por el
Secretario de Estado norteamericano, durante la Presidencia de Calvin Coolidge
en 1924
1924 Carta de Richard Lansing
Febrero de 1924
Secretario de Estado de EUA, a J.C.
Hearst en relación a la campaña de su cadena de periódicos para poner en la
presidencia de México a un estadounidense y terminar la revolución.
“México es un país
extraordinariamente fácil de dominar, porque basta con controlar a un solo
hombre: el Presidente. Tenemos que abandonar la idea de poner en la Presidencia
mexicana a un ciudadano americano, ya que eso llevaría otra vez a la guerra. La
solución necesita de más tiempo: debemos abrirle a los jóvenes mexicanos
ambiciosos, las puertas de nuestras universidades y hacer el esfuerzo de
educarlos en el modo de vida americano, en nuestros valores y en el respeto del
liderazgo de Estados Unidos. México necesitará administradores competentes. Con
el tiempo, esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes y eventualmente se
adueñarán de la Presidencia. Sin necesidad de que Estados Unidos gaste un
centavo o dispare un tiro, harán lo que queramos. Y lo harán mejor y más
radicalmente que nosotros”.¿Qué sucede cuando la iniciativa la toman nuestros
enemigos? ¿Qué hacer cuando los segmentos más lúcidos de la burguesía intentan
resolver la crisis orgánica de hegemonía, legitimidad política y gobernabilidad
apelando a discursos y simbología “progresistas”, poniéndose a la cabeza de los
cambios para desarmar, dividir, neutralizar y finalmente cooptar o demonizar a
los sectores populares más intransigentes y radicales?
La revolución pasiva es para
Gramsci una “revolución-restauración”, o sea una transformación desde arriba
por la cual los poderosos modifican lentamente las relaciones de fuerza para
neutralizar a sus enemigos de abajo. Mediante la revolución pasiva los
segmentos políticamente más lúcidos de la clase dominante y dirigente intentan
meterse “en el bolsillo” (la expresión es de Gramsci) a sus adversarios y
opositores políticos incorporando parte de sus reclamos, pero despojados de
toda radicalidad y de todo peligro revolucionario. Las demandas populares se
resignifican y terminan trituradas en la maquinaria de la dominación. Hasta el
tímido socialismo del “tránsito pacífico” se diluye y el horizonte se estrecha
con los vanos intentos por endulzar al capitalismo y volverlo menos cruel y
salvaje... El enemigo pretende mantener y perpetuar el neoliberalismo de manera
sutil y encubierta. Deviene extremadamente complejo responder políticamente,
cuando el neoliberalismo se disfraza de “progresista”, continúa beneficiando al
gran capital en nombre de “la democracia”, los “derechos humanos”, la “sociedad
civil”, el “respeto por la diversidad”, etc., etc., etc. Revoluciones-restauradoras,
revoluciones pasivas encabezadas e impulsadas por las oligarquías aburguesadas.
En nuestras patrias despanzurradas
a golpes de bayoneta y destrozadas a picana y palazos, jamás existió modernización
económica sin represión política. Las burguesías locales fueron históricamente
débiles para independizar nuestras naciones del imperialismo, pero al mismo
tiempo fueron lo suficientemente fuertes como para neutralizar e impedir los
procesos de lucha social radical de las clases populares.
En nuestros países latinoamericanos hoy siguen dominando los mismos
sectores sociales de antaño, los de gruesos billetes y abultadas cuentas
bancarias. Ha mutado la imagen, ha cambiado la puesta en escena, se ha transformado
el discurso, pero no se ha modificado el sistema económico, social y político
de dominación. Incluso se ha perfeccionado.
La manipulación de las banderas sociales, el bastardeo de los símbolos de
izquierda y la resignificación de las identidades progresistas tienen
actualmente como finalidad frenar la rebeldía y encauzar institucionalmente la
indisciplina social.
¿Cómo enfrentar entonces ese aggiornamento de las formas políticas de
dominación, ese intento gatopardista por cambiar algo, para que el ORDEN siga
igual y nada cambie de fondo?
Nos parecen ilusorias y fantasmagóricas las ensoñaciones posmodernas y
posestructuralistas que nos invitan irresponsablemente a “cambiar el mundo sin
tomar el poder”, no habrá revoluciones de verdad sin el combate antiimperialista
y anticapitalista. Tenemos pendiente
pensar y ejercer la política más allá de las instituciones, sin ceder al falso
“horizontalismo” —cuyos partidarios gritan “¡que no dirija nadie!”
porque en realidad quieren dirigir ellos. Nada mejor entonces que combinar el
espíritu de ofensiva de Guevara con la inteligencia y lucidez de Gramsci para
comprender y enfrentar el gatopardismo. Saber salir de la política de secta,
asumir la ofensiva ideológica y al mismo tiempo ser lo suficientemente lúcidos como
para enfrentar el transformismo político de las clases dominantes que enarbolan
banderas “progresistas” para dominarnos mejor. Nos merecemos algo más que un
miserable “capitalismo con rostro humano” y una mugrienta modernización de la
dominación. “Por otra parte las burguesías autóctonas han perdido toda su
capacidad de oposición al imperialismo -si alguna vez la tuvieron- y
sólo forman su furgón de cola. No hay más cambios que hacer; o revolución
socialista o caricatura de revolución”
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