NUESTRO ANFITRIÓN
Existen falsedades incuestionables, fetiches culturales que
vienen distorsionando la sensatez a
través de una sórdida lógica; así, una
aberración logra abrirse paso y obtiene no solo el beneplácito global, sino el
aplauso de las mismísimas víctimas de tal necedad.
Sin excepción de sistemas, civilizaciones, culturas y
religiones; todos los integrantes de los diversos pueblos que han habitado este
paraíso del universo que llamamos “Tierra”, pugnan por el crecimiento, hablan del desarrollo,
aludiendo a la teoría darwinista de la evolución, sin tomar en consideración
que este crecimiento indefinido e ilimitado significa la destrucción de este
planeta, que es nuestro anfitrión.
Los seres humanos somos huéspedes de la Tierra, para decirlo eufemísticamente;
porque en realidad somos sus parásitos,
en perspectiva de enfermarla- gravemente - con nuestro crecimiento desmedido;
debemos comprender que pertenecemos a la naturaleza, la madre de todo cuanto
existe en el cosmos.
La vida es una de las manifestaciones de la naturaleza, está en vegetales, animales y seres
intermedios; pero la naturaleza también se expresa como materia inanimada:
minerales, masas transformándose en energía, cargas y corrientes electromagnéticas,
espacios interatómicos, protones, neutrones, electrones y demás partículas
subatómicas, vacíos interestelares, satélites, planetas, cometas, estrellas,
galaxias y un sinfín de astros que integran el Universo.
Somos una especie que crece amenazante sobre la membrana de
nuestro anfitrión, nos estamos expandiendo cada día, nuestro número aumenta
exponencialmente, extraemos de las entrañas de nuestro anfitrión la energía para seguir nuestro ilimitado
ensanchamiento, nos estamos acabando la
tierra. Nuestro crecimiento es muy preocupante para el pensamiento
científico-ecológico, es lesivo para la salud y el equilibrio de nuestro
anfitrión.
Los científicos han detectado que el planeta presenta síntomas
alarmantes - de grave enfermedad - como el calentamiento global, la
contaminación hidrológica, atmosférica, marítima y de los suelos, la reducción
de la capa de ozono, la multiplicación de meteoros y otros fenómenos de alta
peligrosidad; todos tienen la misma causa.
Esa causa no somos los humanos, sino nuestro crecimiento
exponencial, echamos por la borda las advertencias de Malthus, nos fuimos
por la elevada productividad como solución a los problemas que plantea el
crecimiento, la sobreexplotación de todos los recursos está justificada per se, argumentaban; además las
exploraciones y los viajes espaciales ofrecían esperanza para el futuro, el
cosmos es muy grande y lo íbamos a conquistar
y de ninguna manera estábamos
dispuestos a abandonar o siquiera someter a un análisis concienzudo, camino
distinto que no fuera el desarrollo, dentro de la globalización.
Por de faul, como una premisa sin ecua non, buscamos
denodadamente el crecimiento económico, medido en PNB, lo traemos impreso en nuestra lógica heredada de esa
inercia histórica capitalista y nadie en su “sano juicio” se atrevería a dudar
de sus beneficios, lo que no vaya en pos del crecimiento económico, queda
automáticamente descartado.
Somos tan invasivos como el cáncer que ha hecho metástasis en
el anfitrión y así como al morir el cuerpo, también mueren las células cancerosas;
nosotros acabaremos víctimas de lo que
provocamos de continuar con ese anhelo irreflexivo de crecer ilimitadamente.
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