viernes, 7 de abril de 2017

PODER DEL CAPITALISMO

PODER  DEL  CAPITALISMO

Si no fuese por el interés que busca crecer el capital, no hubiésemos progresado, no habría habido motivos lo suficientemente poderosos para explorar, investigar, descubrir e inventar; la curiosidad es hija de la ambición de la ganancia; darle vuelo a la imaginación para beneficio personal es la chispa  que enciende la potencia individual para mejorar, lograr perfección, optimizar sistemas, tener éxito y triunfar.
Gracias al capitalismo hemos podido crear maravillas tecnológicas y desarrollar ciencia al alcance del mundo entero, llegamos a las soluciones más baratas y redituables de la economía.  Jamás había habido una época en que las concentraciones de capital fueran tan sólidas como en estos tiempos, los riesgos son mínimos para las grandes acumulaciones financieras, ya que en los mercados se instalan algoritmos especulativos, que reportan jugosas ganancias.
Sin la magia que provoca la ambición por acrecentar los capitales, no habría prosperidad en ningún terreno, ni aviones ni barcos ni trenes ni camiones ni bicicletas ni siquiera zapatos, el capitalismo es el motor de la superación del hombre, lo que hizo de la bestia una persona.
Debido al capital fue posible realizar las grandes expediciones que descubrieron nuevas tierras y acercaron continentes, es debido a ese afán ingenioso de obtener ventajas en las transacciones comerciales, como es que el hombre ha llegado tan lejos en el espacio sideral.
El arte no hubiese florecido como lo ha hecho hasta hoy, Hollywood fuese solo una utopía, las grandes obras maestras jamás se hubiesen concretado; los mecenas son inversionistas con buen ojo para patrocinar genios en pintura, escultura, música, danza y literatura; la motivación creativa nace de la renta que esperan los artistas de sus obras.
Sin el capital, que no es otro que el dinero ahorrado, guardado con sacrificio y esmero por los grandes visionarios del mundo; la moda y la cosmetología no hubiesen alcanzado las alturas que ahora tienen, la medicina se hubiese estancado en remedios caseros, masajes, tés de yerbabuena y manzanilla serían nuestra cura.   
No habiendo capital, los avances en la cirugía  se hubiesen quedado en limpiar heridas, sacar balas, coser abiertas, enyesar fracturas. La cirugía plástica no nos habría descubierto tanta belleza artificial que se pasea por nuestros clubs, playas, bulevares y restaurantes, con su restirado cutis y  firmes pechos.  
Gracias al capital vuelan por nuestro cielo, multitud de naves de todo tipo, llevando carga y turistas a los grandes centros de juego donde los casinos hacen jugosas ganancias y los comensales dan rienda suelta a sus sueños de grandeza y fortuna.
Capitales ávidos de crecer exponencialmente se invierten en drogas para satisfacer la necesidad de los adictos que se mueven desesperada e ingeniosamente en la economía para comprarlas; qué decir de los paraísos fiscales, donde van a parar las ganancias de los capitales desviados de los presupuestos gubernamentales, ahí son custodiados discrecional y profesionalmente de miradas intrusas.
El lujo en todas sus expresiones no podría florecer sin la inversión de capital, piedras y metales preciosos estuviesen encerrados en las entrañas de la tierra, sin que nadie les pudiese lucir en coronas, diademas, collares, pulseras, aretes y anillos.
Cantidad de animales silvestres seguirían correteando entre selvas y bosques continuando con sus ciclos de vida ancestrales, en vez de adornar con sus fauces y cornamentas salas, estancias y pasillos de elegantes residencias de los cazadores de animales extintos, tampoco podrían lucir con alcurnia desbordada, las damas de sociedad abrigos y bufandas de finas pieles.  Sin vocación capitalista maderera los bosques continuarían invadiendo nuestras urbes, recargando los mantos freáticos y permitiendo que los manantiales elevaran sus aguas.         
Por la inversión de grandes capitales, se han desarrollado impresionantes armas capaces de destruir poblaciones enemigas enteras, construir acorazados, submarinos y portaviones atómicos, que disparan cohetes intercontinentales con múltiples cabezas nucleares, tanques blindados que se desplazan todo terreno a velocidades inéditas, cañones de alcances fabulosos.
El capital tiene efectos de espejismo, haciendo que millones de hombres y mujeres se ingenien para sacar jugo de sus relaciones, de sus vecinos, familiares, conocidos y clientes; exprimiendo con su talento hasta la última gota de interés, para dejar de vivir al día y acumular para el futuro; es como un anzuelo con la carnada colgada frente a la liebre que por mucho que corra jamás le dará alcance.
Los capitales tienen la virtud de financiar las campañas políticas en las elecciones democráticas y así poder llevar al poder a excelentes operadores encargados de redituar máximas utilidades, natural y legítimo espíritu del capitalismo, rasgo distintivo de nuestros tiempos. 
La vocación del gran capital en el libre mercado es absorber a sus competidores más pequeños, ligarse con los de su talla o ser succionado por los gigantes.  En un mundo donde el capital es rey, del que emana la verdadera autoridad, podríamos inferir en términos coloquiales que “el que paga manda” y consecuentemente quien carece de capital en este sistema, no tiene ni voz ni voto.


   

         

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