MILITANTES, ASPIRANTES Y CANDIDATOS.
-¿Por qué
soy miembro militante del partido?- Me preguntan y les respondo con toda
sinceridad:
La Política
es una noble profesión, una carrera que se estudia como ciencia en la
Universidad o se escoge por mera vocación, las circunstancias de la vida le
ponen a uno en esa dirección, por las facultades de oratoria y astucia que se
van manifestando sobre la marcha, ya sea desde el medio estudiantil o el social,
regularmente se trae en la sangre heredado, el gusanito de pertenecer al
gobierno.
Esta
profesión exige mucha ambición y entrega a las causas del pueblo, siempre ávido
de mejoría, por lo que siempre habrá que tener en cuenta ese dejo de
engaño.
Se debe ser
ambicioso, servil, cuidadoso, discreto, ventajoso y distinguir quienes van en
ascenso dentro de la pirámide del partido al cual se planea pertenecer y de ahí
abrirse paso entre jalones, empujones, traiciones e hipocresías.
El medio
político está lleno de sonrisas fingidas, apretones de mano falsos,
adulaciones, renunciaciones y secretos; se debe ser capaz de aguantar desaires,
desprecios y humillaciones; así se va cargando de resentimiento el militante,
hasta que llega el día de su desfogue o su venganza.
Poco a poco
se van ascendiendo los peldaños hasta el nivel más alto posible, sin dejar
nunca de aspirar a la cúspide, todo en aras de mejorar el estatus y obtener las
máximas ventajas que ofrece estar junto al poder. Una vez instalado en la
estructura partidista, hay que lograr la simpatía tan anhelada por todos los
militantes verdaderamente ambiciosos y entregarse incondicionalmente a la
cúpula, para obtener su anuencia y apoyo que le puedan apoyar en la candidatura.
Escogido el
candidato, se inicia la campaña, El ideario del partido es lo de menos, ahora
lo que importa es la labia, empezar la campaña en suburbios y pueblos, se práctica
la oratoria para llegar con tablas suficientes, a mítines en
ciudades y centros culturales, en foros y entrevistas.
El dinero
empieza fluir, las giras a multiplicarse, los aplausos, vivas y urras compradas, a escucharse; los slogans a
barajarse, los abrazos y favores a hervir.
De las
comunidades aledañas marchan los contingentes de organizaciones gremiales y
corporativas, acarreados para manifestar su apoyo al aspirante al cargo en
juego. Obreros, campesinos, profesores y
burócratas con rostros desencajados avanzan, sosteniendo resignados, mantas y
fotografías aludiendo al partido y al candidato con halagos y anticipada
gratitud.
Tapizados
postes, árboles y paredes con posters y cartelones con los colores del partido
y sus coaliciones, con leyendas como: “Ahora o nunca”. Las ondas hertzianas y
televisivas transmiten por el aire las bondades inconmensurables de las que
disfrutará el pueblo, después de las elecciones.
Por fin el
día de los comicios llega, los votos se vierten a favor del afortunado candidato
del partido, el engrandecimiento de su fortuna o el salto a la riqueza, ha
quedado garantizado.
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